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La pirámide de Kukulcán en Chichén-Itzá /Parte II y última
José Lull García
Cada una de las cuatro escaleras que acceden a la parte superior de la pirámide tiene 91 escalones, que dan un total de 364, y sumados a la plataforma sobre la que se asienta el templo superior nos dan el número 365. A nadie se le escapa que este número representa la totalidad de días que constituyen el calendario solar, con lo que nuevamente tenemos un motivo para relacionar la pirámide con el Sol o su calendario. No se trata, ni mucho menos, de algo casual. Las nueve plataformas que constituyen el cuerpo principal de la pirámide quedan partidas por las escalinatas, de modo que cada uno de sus lados cuenta con 18 secciones. Este número coincide con el número total de meses de 20 días que formaban el calendario solar maya, llamado haab. Sobre el calendario maya, tema muy interesante, hablaremos en otra ocasión, puesto que las explicaciones que podemos ofrecer sobre el mismo podrían ocupar sendos artículos. De momento señalaremos simplemente el hecho de que los constructores de la pirámide de Kukulcán hayan querido, una vez más, hacer coincidir algún aspecto de la estructura de la pirámide con números de simbología calendárica.
Junto al calendario solar de 365 días los mayas utilizaban uno religioso de 260, llamado Tzolkin. La diferencia de días entre uno y otro calendario provocaba entre ellos un desfase, de tal modo que únicamente tras el paso de 52 años volvían a coincidir en el primer día del año.
Este acontecimiento lo seguían con gran expectación todas las poblaciones mesoamericanas, celebrando multitud de fiestas e incluso sacrificios. Por esto, también el número 52 es simbólicamente importante.
La arquitectura de la pirámide tampoco ha dejado escapar la ocasión de relacionarse con ese número. Si observamos detalladamente las plataformas o pisos que forman el edificio en cada uno de sus lados, veremos que están decorados a lo largo de grandes paneles. La suma de estos nos da 52, en cada lado.
Otro número importante relacionado con la cosmogonía maya es el 9, puesto que 9 son los niveles del inframundo y 9 los Nueve Señores de la Noche. El que la pirámide de Kukulcán tenga 9 pisos podría relacionarse con este hecho.
Pero lo más conocido y, sin duda, lo más espectacular que puede ofrecernos el estudio arqueoastronómico de la pirámide es la visión del descenso del dios Kukulcán a la Tierra.
Este formidable espectáculo puede observarse en la escalinata del lado Norte de la pirámide que, como recordaremos, es la única que en su base finaliza con cabezas de serpiente emplumada. En los días del equinoccio, alrededor de las tres de la tarde, el murete (alfarda o pequeño muro) que delimita el lado occidental de esta escalinata está completamente iluminado por el Sol. En seguida, la esquina Noreste de la pirámide comienza a proyectar su sombra sobre aquel murete, sombras de forma triangular debidas a los escalonamientos de los nueve pisos, que irán dejando su oscura huella en la parte superior de la alfarda. Una vez se han proyectado todas las sombras triangulares, quedan espacios triangulares entre ellas plenamente iluminados, de tal modo que lo que vemos es una auténtica serpiente de unos 35 metros de longitud con su cabeza en la parte inferior. Este juego de luces y sombras se desarrolla durante varias horas, pero sólo unos diez minutos estará toda la forma perfectamente completa. Según el Sol vaya descendiendo hacia el Oeste, los triángulos iluminados desaparecerán progresivamente desde la parte inferior del murete hacia arriba, hasta que, en el ocaso solar, los últimos rayos de luz serán dedicados al templo que corona la pirámide.
Si algún lector o lectora de este artículo siente interés por acudir a observar este maravilloso y complejo espectáculo que se produce todos los 21 de marzo y 22 de septiembre, ha de saber que coincidirá con tal multitud de gente que difícilmente podrá fotografiarse a solas con tan hermoso fondo. No obstante hay un pequeño truco poco conocido. Una hora después de que salga el Sol esos mismos días equinocciales, la serpiente de Quetzalcóatl - Kukulcán también se forma en el murete oriental de la escalera del lado Sur de la pirámide. El único inconveniente es que en este lado la base de la escalinata no remata con las cabezas de la serpiente.
Las seis sombras y los siete triángulos iluminados que forman el cuerpo de la serpiente suman 13. La simbología del número 13 en el mundo maya es muy compleja y también se relaciona con la cuenta calendárica.
Hemos de recordar que en el período posclásico el sistema calendárico llegó a simplificarse de tal modo que se impuso el llamado u kahlay katunob o cuenta de los katunes [series de 20 años]. Este ciclo duraba precisamente 13 katunes. Y también 13 son los niveles celestiales en la cosmogonía maya, y con el número 13 se relaciona también un dios con forma de serpiente.
Algunos investigadores han intentado obtener algún tipo de datación [indicación de lugar y tiempo] para la pirámide en función de relacionar su hierofanía [manifestación sagrada] más sobresaliente con fechas de importancia para el calendario maya. Coggins [un autor], por ejemplo, cree que la consagración de la pirámide tuvo lugar al concluir el décimo baktún [serie de 20 katunes], hacia el 13 de marzo de 830 d.C., cuyas celebraciones habrían concluido tras el descenso de Kukulcán por la escalera Norte de la pirámide. Por su parte, en una publicación algo más reciente, Arochi [otro autor] plantea la posibilidad de situarla en relación al katún 8 ahau [ahau es el día solar número 20 o último día de un uinal o mes del calendario maya], que llegó al final el gran ciclo del baktún 10.19.0.0.0., hacia el 19 de septiembre del año 1204 d.C.
Como hemos visto en las líneas anteriores, la construcción de la pirámide de Kukulcán buscó relacionarse con acontecimientos astronómicos y calendáricos relevantes. Esta asociación supone una enorme complejidad constructiva por lo que, cuando nos situemos delante de la pirámide, no sólo deberemos ver en ella una antigua construcción rematada por un templete sino algo mucho más valioso que nos conduce a un mundo que hace tiempo dejó de existir.
http://www.astrosafor.net/Huygens/1997/8/Arqueoastronomia.PDF
Fotografías:
http://sepiensa.org.mx/contenidos/2005/mexico_riqueza/chichen/chichen.html
http://www.jornada.unam.mx/2003/04/29/quet-chichen.html
Etiquetas: arqueoastronomía, Chichén-Itzá, Pirámide de Kukulcán
La pirámide de Kukulcán en Chichén-Itzá (Parte I de II)
Imágenes de Chichén-Itzá
José Lull García
Como arqueólogo y aficionado a la astronomía, una de las disciplinas que me permiten conjugar ambas pasiones es la arqueoastronomía. Tras este término se esconde un precioso mundo del que aún nos queda mucho por estudiar y comprender. Últimamente se prefiere designar a esta disciplina como Astronomía Cultural, de modo que englobe tanto a la arqueoastronomía como a la etnoastronomía, según ha ido divulgando la Sociedad Europea para la Astronomía Cultural (ESAC, por sus siglas en inglés). No obstante, no creo que sea necesario confundir al lector con términos que, al fín, entendemos que tienen la misma significación. Lo cierto es que, en la medida de lo posible, el estudio arqueoastronómico debería relacionarse con diferentes aspectos simbólicos, rituales, religiosos y culturales que pudiesen aportar pistas sobre el significado de los muy diversos tipos de alineaciones edilicias [de edificios] llevados a cabo por distintas culturas y civilizaciones que han poblado nuestro planeta. No tiene ningún sentido el ir en busca de más y más alineaciones de edificios o estructuras con respecto a diferentes astros o fenómenos astronómicos si el conocimiento que tenemos de la cultura que estudiamos no nos permite conocer el significado de tal o cual alineación. Hemos de entender que generalmente las antiguas culturas estaban influenciadas por la religión, la cual aplastaba una y otra vez cualquier entendimiento científico de los sucesos de la bóveda celeste a cambio de una comprensión de las relaciones de los dioses cósmicos entre ellos y los seres terrenales. Esto nos lleva inevitablemente a entender que tras lo que aparentemente nos parece una simple alineación solar, lunar o estelar se esconde todo un mundo de magia, ritualismo y religiosidad de carácter abstracto, y por tanto difícil de comprender. Por esta razón es importante que primeramente, si bien no siempre es posible, procuremos recopilar información arqueológica, documental e histórica que pueda ayudarnos a resolver esta abstracción. Al escribir este artículo, mi verdadera intención ha sido el iniciar una serie regular de trabajos que traten el tema arqueoastronómico, aunque siempre con la espada del tiempo sobre mi cabeza. Espero que esta continuidad, así como mi intención de dedicarme a la explicación de estructuras edilicias concretas de diferentes partes del mundo, contribuya a difundir y hacer comprensible esta atractiva disciplina que es la Arqueoastronomía. El emplazamiento arqueológico que he elegido para iniciar esta serie de artículos es la antigua ciudad de Chichén-Itzá, al Norte de la península de Yucatán, sobradamente conocida por los aficionados a la arqueología mesoamericana o, desde años atrás, por la multitudinaria afluencia de turistas que se tuestan al caliente Sol de Cancún. Este precioso lugar cuenta con un buen número de edificios, muchos de ellos con alineaciones astronómicas que serán objeto de futuros artículos. En el presente trabajo nos centraremos, sin embargo, en la llamada Pirámide de Kukulcán, también conocida como El Castillo. Aunque no sea este el lugar dónde desarrollar una explicación puramente arqueológica del yacimiento de Chichén-Itzá, no estará de más ofrecer breves comentarios que nos sitúen en el momento cultural de las personas que construyeron El Castillo por que, como explicamos en la introducción, si podemos no debemos separar el estudio arqueológico, antropológico y etnológico de esta disciplina que une la arqueología y la astronomía. Chichén Itzá, conocida desde los tiempos de la conquista, no sufrió ninguna excavación sistemática hasta 1924. Sin embargo, ya podía apreciarse que en contra del estilo Puuc que se observa en muchos edificios antiguos, otros muestran elementos que nada tienen que ver con la cultura maya, como es el caso de la Pirámide de Kukulcán. Adornando los muros de algunos templos, vemos representaciones de guerreros con vestimentas diferentes a las mayas. Estas figuras también se encuentran en el Valle de México. Incluso en otros relieves se ve a estos guerreros luchando contra otros propiamente mayas. Estamos ante una confirmación arqueológica de un hecho transmitido de padres a hijos, a modo de leyenda, y que podemos encontrar en los llamados libros de Chilam Balam. La tribu de los itzaes llegó a Yucatán hacia el siglo X, convirtiendo a Chichén Itzá en una importante capital. La leyenda cuenta que procedían de una ciudad del centro de México llamada Tollán, la cuna de los Toltecas, identificada actualmente como Tula. Según las narraciones indias, durante esa época partió de Tollán un grupo de personas mandadas por el legendario e histórico Quetzalcóatl, tras ser expulsado por los súbditos de Tezcatlipoca. Esto debió ocurrir hacia el año 987, y debemos reconocer a estos toltecas como los itzaes que llamaron los mayas. Son muchos los mitos y leyendas que se forjaron desde entonces en torno a la noble figura de Quetzalcóatl, identificado con el dios del mismo nombre, simbólicamente representado como una serpiente emplumada. Es el mismo que, según la leyenda, volvería algún día desde el oriente para recuperar su reino perdido. De hecho, la llegada de los españoles a las costas mexicanas desde el mar oriental hacia 1519 fue relacionada por diversas culturas indígenas con este hecho. En el siglo XVI, el franciscano español Diego de Landa escribía que "... los indios creen que entre los itzaes que ocuparon Chichen Itzá reinó un gran señor llamado Kukulcán, y que el principal edificio, que es llamado Kukulcán, demuestra que esto es verdad. ... en México se le consideraba uno de sus dioses, y le llamaban Quetzalcóatl. ". Nos encontramos pues con la dedicación de nuestra pirámide al dios conocido en náhuatl como Quetzalcóatl, en maya como Kukulcán y en quiché como Gucumatz. La pirámide mide 55 metros por lado y 24 de altura, componiéndose de 9 plataformas o pisos que son recorridas en cada uno de sus cuatro lados por sendas escalinatas. La pirámide no está alineada con el eje Norte-Sur, sino que presenta una desviación de 23º respecto al mismo. Sobre la pirámide hay un pequeño templo de planta cuadrada cuyo único acceso está en el lado Norte. En el templo encontramos columnas con la forma de serpientes emplumadas, de la misma forma que el remate inferior de la escalera Norte acaba en forma de cabeza de serpiente. Esa serie de elementos nos muestran un culto al dios Kukulcán en esta pirámide, pero, como veremos, puede estar también relacionada con el calendario solar. Las escaleras Este y Oeste están alineadas con el orto solar [salida del Sol] del día del solsticio de invierno, y el ocaso del Sol del día del solsticio de verano, respectivamente. La ejecución de la obra de la pirámide es por tanto parte de un ambicioso plan en el que la alineación con fenómenos astronómicos ha sido absolutamente necesaria. (Continuará) Las imágenes fueron tomadas de: http://sepiensa.org.mx/contenidos/2005/mexico_riqueza/chichen/chichen.htmlEtiquetas: arqueoastronomía, Chichén-Itzá, Pirámide de Kukulcán
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