Melesio Morales
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Atahualpa Yupanqui
La guitarra, compañera eterna, “se hizo presente en mi vida -dice Yupanqui- desde las primeras horas de mi nacimiento. Con guitarra alcanzaba el sueño...". Sus padres y tíos tocaban conformando el marco sonoro que lo acompañaría toda su vida. Porque además de aquellos a los que estaba unido por el extraño vínculo de la sangre, estaban los otros... los que la vida colocaba en el recién nacido camino de Yupanqui. Los que se reunían en torno a un fogón amistoso con un canto concentrado, serio, que tenía una magia especial para Yupanqui y que le ofrecían un mundo recóndito, milagroso, extraño. Para Atahualpa, esos hombres eran, por obra de la música, como príncipes de un continente en el que sólo él penetraba como invitado o descubridor privilegiado. Ellos fueron en verdad sus maestros. Después, en Tucumán aprendió que el hombre canta lo que la tierra le dicta. Que el cantor no elabora... solamente traduce.
Desde los 13 años, para firmar algunas incipientes colaboraciones literarias en el periódico escolar, Roberto comenzó a utilizar el nombre Atahualpa en homenaje al último soberano Inca. Años después le agregó el Yupanqui que llevaría toda su vida. La traducción de estos nombres, unidos, serviría luego para significar de manera inmejorable el destino de aquel niño: Ata significa venir; Hu, de lejos y Allpa, tierra. Yupanqui, decir, contar. Así, podemos deducir que con ellos se expresa El que vino de lejanas tierras a decir... a contar.
Hablemos de... Meditar la Música
Leticia Cervón A.
¿Qué relación existe entre la música y la meditación?
Sólo a través de una mente "meditativa", es decir, de una mente totalmente silenciosa y presente, la música adquiere su verdadera forma y función.
La mayoría de las veces la música está allí, en el ambiente; se la oye... pero no se la escucha. Nos hemos acostumbrado a utilizarla como cualquier otro producto de consumo, como “música de fondo” ya sea en el auto, la oficina, el supermercado, en las fiestas, en la casa (como para hacernos "un poco más agradables las tareas del hogar"), o quizás mientras conversamos, etcétera.
Pero qué pasa si nos proponemos hacer un esfuerzo y nos sentamos sólo a escuchar, por ejemplo, una pieza musical de nuestra preferencia, quizás repetidamente, y nos permitimos vivir la experiencia así, sin más, sin nada que distraiga nuestra atención.

