Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

Juan Ramón Jiménez /Poeta

(España, 1788 - Puerto Rico, 1822)

EL CAMBIO

Lo terreno, por ti,
se hizo gustoso
celeste.
Luego,
lo celeste, por mí,
contento se hizo
humano.

MALVAS

Malvarrosa,
malvaseda.
¡Salud de la primavera!

Rosas agrias,
sedas férreas.
¡O mujer con asperezas!

Recojida
gracia entera.
¡Malvarrosa, malvaseda!

Casta sangre
de la tierra.
¡Virtud de la primavera!

ROSA, NIÑA

Todo el otoño, rosa,
es esa sola hoja tuya
que cae.

Niña, todo el dolor
es esa sola gota tuya
de sangre.

AJUSTE

¡Qué difícil es unir
el tiempo de frutecer
con el tiempo de sembrar!

(El mundo jira que jira,
ruedas que nunca se unen
en una rueda total)

¡Un solo día de vida,
un día completo y todo,
que no se acabe jamás!

Bartolomé Hidalgo /Poeta

(Uruguay, 1788 - Argentina, 1822)

Bartolomé Hidalgo nació en el seno de una familia humilde en Montevideo (Uruguay), el 24 de agosto de 1788. Sus padres, Catalina Jiménez y Juan Hidalgo, eran de nacionalidad argentina. En su infancia y tras perder a su progenitor, Hidalgo, a la par que trabajaba como comerciante y peluquero, se empapó de poesía española, principalmente literatura neoclásica. Participó en la independencia de Uruguay y Argentina, llegando a luchar en el frente y a comprometerse poéticamente con varios trabajos literarios, entre ellos el himno revolucionario La marcha oriental.
También trabajó de funcionario en diversos puestos, entre ellos como burócrata del Ministerio de Hacienda, y, en 1816 y en un apartado más artístico, llegó a dirigir la Casa de Comedias de Uruguay. En 1818 se mudó a Argentina y dos años después contrajo matrimonio con Juana Cortina.
La significación de este autor viene dada por ser el primer escritor de poesía gauchesca, recogiendo el sentir popular rural, con el protagonismo de los gauchos, en unos textos que el propio autor vendía por las calles argentinas.
Cielitos y Diálogos patrióticos, éstos últimos con el protagonismo de Jacinto Chano y Ramón Contreras, son sus obras más representativas, derivadas tanto de los cánticos y poética tradicional española como de los procederes de los payadores de la zona y el sentimiento patriótico y político en un contexto independentista.
Aquejado de enfermedades pulmonares Hildago falleció de tuberculosis en la localidad argentina de Morón, el 28 de noviembre de 1822. Tenía 34 años.

CIELITO DE LA INDEPENDENCIA (Fragmento)

Si de todo lo criado
es el cielo lo mejor,
el "cielo" ha de ser el baile
de los Pueblos de la Unión.

Cielo, cielito y más cielo,
cielito siempre cantad
que la alegría es del cielo,
del cielo es la libertad.

Hoy una Nación
en el mundo se presenta,
pues las Provincias Unidas
proclaman su Independencia.

Cielito, cielo festivo,
cielo de la libertad,
jurando la Independencia
no somos esclavos ya.

Los del Río de la Plata
cantan con aclamación,
su libertad recobrada
a esfuerzos de su valor.

Cielo, cielito, cantemos,
cielo de la amada Patria,
que con sus hijos celebra
su libertad suspirada

El sentido de permanencia de Ayocuán Cuetzpaltzin

El poeta indígena Ayocuán vivió durante la época precuauhtémica, antes de Cuauhtémoc, en un mundo en que los cantos y las flores gobernaban los corazones de los hombres y mujeres de maíz. La poesía y la sabiduría era la divisa preciada en el Anáhuac en dichos tiempos. Tiempo primaveral, como diría Nezahualcóyotl, en el que vino a vivir Ayocuán Cuetzpaltzin. Y aún a pesar de que Ayocuán vivió en un mundo rodeado del más alto pensamiento anahuaca, este renombrado poeta pensaba que nuestra permanencia en la Tierra era tan frágil y efímera, que incluso se preguntaba sobre la supervivencia de nuestra huella que dejamos aquí en el Tlaltícpac, el mundo terrenal.
Sus poemas reflejan el profundo sentimiento de meditación y reflexión al que podía llegar. Vanagloriado mientras vivía, y recordado tras su muerte, antes y después de Cuauhtémoc, nos deja una importante herencia que muestra el camino hacia ese maestro del pensamiento y la poesía, in xochitl in cuicatl, la flor el canto.
Un poema por el que siempre se recordó, era recitado por el mismo Ayocuán con grandes voces y sonoro cántico por las carreteras y las calles de Tlaxcallan, Huexotzinco y todo el valle hoy conocido como poblano. Cuando viajaba de una ciudad a otra, a paso firme por las carreteras de aquel entonces, atiborradas de pochtecas, tamemes y demás caravanas mercantes y transportistas, iba Ayocuán entonando sus melódicas pero reflexivas poesías. Así se dio a conocer, su honrada fama nació así.
La gente común, los macehualtin, lo escuchaban mientras él continuaba su camino pasando milpas y caseríos. De igual fama llenóse cuando predicaba su filosofía poética en las calles de las ciudades y pueblos a donde llegaba. Algunas veces viajaba por trabajo, en otras para visitar amigos, deudos, o asistir a conferencias de poetas. Así fue como se elevó su nombre. La poesía que aseguran siempre decía Ayocuán Cuetzpaltzin jubiloso por las calles y caminos era la siguiente:

¡Ma huel manin tlalli!
¡Ma huel ica tepetl!

¡Que permanezca la tierra!
¡Que estén siempre los montes!

Sabía que todo lo que había en este mundo perecería. Así se lamentó Tlaltecatzin de Cuauchinanco, de igual forma lo decretó Acolmiztli Nezahualcóyotl. A sabiendas de que todo perece, todo muere y desaparece para siempre, incluso las pinturas y el oro, como cantaba Netzahualcóyotl, Ayocuán exclamaba que al menos la tierra misma permaneciese. Este es el poema completo como se le conoce, con la traducción de Miguel León-Portilla:

¡Ma huel manin tlalli!
¡Ma huel ica tepetl!
Quihualitoa Ayocuan, zan yehuan Cuetzpaltzin,
Tlaxcallan, Huetzinco.
In a izquixochitl, cacahuazochitl,
Ma onnemahmaco.
Ma huel manin tlalli.

¡Que permanezca la tierra!
¡Que estén en pie los montes!
Así venía hablando Ayocuán Cuetzpaltzin,
En Tlaxcala, en Huexotzinco.
Que se repartan
Flores de maíz tostado, flores de cacao.
¡Que permanezca la tierra!

Ayocuán Cuetzpaltzin implora por que no desaparezca la tierra, nuestro mundo actual, y sus montes que lo adornan. Ayocuán en su obra está muy consciente de la brevedad de nuestro tiempo aquí en la Tierra, pues todos partiremos al Mictlán, el lugar de los descarnados. Y claro, si todo lo que existe desaparecerá de esta tierra, también él forma parte de lo que algún día tendrá que morir. Propio Ayocuán sabe que perecerá, y tendrá que abandonarse hacia la oscuridad, pues no se sabe certeramente donde pararemos. Reflexiona y se concientiza de que sin duda tiene que morir, tiene que partir. Es entonces que entra este segundo poema del mismo Ayocuán, en el que expone su más grande preocupación respecto a su partida de este mundo:

Esfuércese, quiera mi corazón
Las flores del escudo,
Las flores del Dador de la vida.

¿Qué podrá hacer mi corazón?
En vano hemos llegado,
Hemos brotado en la tierra.
¿Solo así he de irme,
como las flores que perecieron?

¿Nada quedará de mi nombre?
¿Nada de mi fama aquí en la Tierra?

¡Al menos flores, al menos cantos!
¿Qué podrá hacer mi corazón?
En vano hemos llegado,
Hemos brotado en la Tierra.

Maciuhtia o in quinequi noyollo,
Zan chimalli xochitl,
In ixochiuh Ipalnemoani.

¿Quen conchihuaz noyollo yehua?
Onen tacico,
Tonquizaco in tlalticpac, a, ohuaya, ohuaya.
¿Zan ca iuhquin onyaz
In o ompopoliuhxochitla?

¿An tle notleyo yez in quenmanian?
¿An tle nitauhca yez in tlalticpac?

¡Manel xochitl, manel cuicatl!
¿Quen conchihuaz noyollo yehua?
Onentacico, Tonquizaco in tlalticpac, ohuaya, ohuaya.

Ayocuán Cuetzpaltzin, gran poeta del Anáhuac precuauhtémico, se lamenta preguntándose sobre su efímera estancia en este mundo temporal, de su misma existencia como ser vivo. Pues Ayocuán dice primero que en vano hemos venido. ¿A dónde? Aquí, a esta existencia, a tener vida en este mundo. El no ve razón de estar aquí, pues después se cuestiona si habrá de irse, es decir morir, como las flores.
Se compara con las flores cuya vida es muy corta y delicada, y al final desaparece sin más. Pero después Ayocuán deja ver que su mayor preocupación, igual a la de muchos poetas del Anáhuac, era el deseo de ser recordado en el futuro. Como el sabe que él, Ayocuán, algún día morirá, ahora se lanza valientemente a preguntar si al menos su nombre sobrevivirá al tiempo, sin morir ni desaparecer. Y va más allá al preguntar si su fama también trascenderá su muerte. Ayocuán Cuetzpaltzin muestra un increíble deseo de querer al menos sobrevivir no en cuerpo y alma, sino como nombre y como fama. Pero el propio Ayocuán, sabio tal y como lo describen nuestros ancestros indígenas que vivieron en su tiempo, finalmente llega a la conclusión simple, fatalista, pero altamente realista y gloriosa, de que la única manera de ser recordado, de sobrevivir a la tiranía del tiempo, es a través de sus poesías.
Ayocuán declara inmortal a su obra, pues la poesía es la única capaz de llegar a sobrevivir a sus autores por milenios. Ayocuán está seguro de que si no es por su nombre o su fama, será recordado sin duda por sus hechos, por sus composiciones. Y si es recordado Ayocuán Cuetzpaltzin, de alguna forma nunca morirá del todo. Es así que a pesar de su tristeza, de lo efímero de la vida y la fatalidad de la muerte, nuestras obras, nuestros poemas sobrevivirán.
Y en verdad llegó a ser cierto. Su filosofía se comprueba, pues nunca imaginó Ayocuán Cuetzpaltzin que a casi medio milenio de su muerte lo íbamos a recordar sus descendientes, sus nietecitos, a través del internet.

Luis Cernuda /Poema

(España, 1902 - México, 1963)

¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

Jorge Luis Borges /Escritor

Argentina, 1989 – Suiza, 1986

Un 24 de agosto, a los ocho meses de gestación, nace en Buenos Aires, Argentina, Jorge Luis Borges en casa de Isidoro Acevedo, su abuelo paterno. Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés antes que en castellano por influencia de su abuela materna de origen inglés. Georgie, como es llamado en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. A los siete años escribe en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, texto inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés El príncipe feliz de Oscar Wilde. Entre 1914 y 1921 radica con su familia en Suiza y luego en España. Georgie escribirá algunos poemas en francés mientras estudia el bachillerato (1914-1918). Su primera publicación registrada es una reseña de tres libros españoles escrita en francés para ser publicada en un periódico ginebrino. Ya de regreso en Buenos Aires, a los 26 años ya se ha ganado la reputación de jefe de la más joven vanguardia por su trayectoria creativa. A partir de entonces, Georgie se transforma en Borges; es decir, en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de nuestra América. En su edad adulta, sufrió la ceguera progresiva que le heredó su padre. Por razones inexplicables la Academia sueca nunca le concedió el Premio Nobel. Murió en Ginebra el 14 de junio de 1986. http://www.literatura.org/Borges
ALGUIEN Un hombre trabajado por el tiempo, un hombre que ni siquiera espera la muerte (las pruebas de la muerte son estadísticas y nadie hay que no corra el albur de ser el primer inmortal), un hombre que ha aprendido a agradecer las modestas limosnas de los días: el sueño, la rutina, el sabor del agua, una no sospechada etimología, un verso latino o sajón, la memoria de una mujer que lo ha abandonado hace ya tantos años que hoy puede recordarla sin amargura, un hombre que no ignora que el presente ya es el porvenir y el olvido, un hombre que ha sido desleal y con el que fueron desleales, puede sentir de pronto, al cruzar la calle, una misteriosa felicidad que no viene del lado de la esperanza sino de una antigua inocencia, de su propia raíz o de un dios disperso. Sabe que no debe mirarla de cerca, porque hay razones más terribles que tigres que le demostrarán su obligación de ser un desdichado, pero humildemente recibe esa felicidad, esa ráfaga. Quizá en la muerte para siempre seremos, cuando el polvo sea polvo, esa indescifrable raíz, de la cual para siempre crecerá, ecuánime o atroz, nuestro solitario cielo o infierno. EL CIEGO I Lo han despojado del diverso mundo, de los rostros, que son lo que eran antes. De las cercanas calles, hoy distantes, y del cóncavo azul, ayer profundo. De los libros le queda lo que deja la memoria, esa forma del olvido que retiene el formato, el sentido, y que los meros títulos refleja. El desnivel acecha. Cada paso puede ser la caída. Soy el lento prisionero de un tiempo soñoliento que no marca su aurora ni su ocaso. Es de noche. No hay otros. Con el verso debo labrar mi insípido universo. II Desde mi nacimiento, que fue el noventa y nueve de la cóncava parra y el aljibe profundo, el tiempo minucioso, que en la memoria es breve, me fue hurtando las formas visibles de este mundo. Los días y las noches limaron los perfiles de las letras humanas y los rostros amados; en vano interrogaron mis ojos agotados las vanas bibliotecas y los vanos atriles. El azul y el bermejo son ahora una niebla y dos voces inútiles. El espejo que miro es una cosa gris. En el jardín aspiro, amigos, una lóbrega rosa de la tiniebla. Ahora sólo perduran las formas amarillas y sólo puedo ver para ver pesadillas. ARTE POÉTICA Mirar el río hecho de tiempo y agua y recordar que el tiempo es otro río, saber que nos perdemos como el río y que los rostros pasan como el agua. Sentir que la vigilia es otro sueño que sueña no soñar y que la muerte que teme nuestra carne es esa muerte de cada noche, que se llama sueño. Ver en el día o en el año un símbolo de los días del hombre y de sus años, convertir el ultraje de los años en una música, un rumor y un símbolo, ver en la muerte el sueño, en el ocaso un triste oro, tal es la poesía que es inmortal y pobre. La poesía vuelve como la aurora y el ocaso. A veces en las tardes una cara nos mira desde el fondo de un espejo; el arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara. Cuentan que Ulises, harto de prodigios, lloró de amor al divisar su Itaca verde y humilde. El arte es esa Itaca de verde eternidad, no de prodigios. También es como el río interminable que pasa y queda y es cristal de un mismo Heráclito inconstante, que es el mismo y es otro, como el río interminable. AUSENCIA Habré de levantar la vasta vida que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla. Desde que te alejaste, cuántos lugares se han tornado vanos y sin sentido, iguales a luces en el día. Tardes que fueron nicho de tu imagen, músicas en que siempre me aguardabas, palabras de aquel tiempo, yo tendré que quebrarlas con mis manos. ¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada? Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde. CAMDEN, 1892 El olor del café y de los periódicos. El domingo y su tedio. La mañana y en la entrevista página esa vana publicación de versos alegóricos de un colega feliz. El hombre viejo está postrado y blanco en su decente habitación de pobre. Ociosamente mira su cara en el cansado espejo. Piensa, ya sin asombro, que esa cara es él. La distraída mano toca la turbia barba y saqueada boca. No está lejos el fin. Su voz declara: Casi no soy, pero mis versos ritman la vida y su esplendor. Yo fui Walt Whitman. EL INSTANTE ¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño de espadas que los tártaros soñaron, dónde los fuertes muros que allanaron, dónde el Árbol de Adán y el otro Leño? El presente está solo. La memoria erige el tiempo. Sucesión y engaño es la rutina del reloj. El año no es menos vano que la vana historia. Entre el alba y la noche hay un abismo de agonías, de luces, de cuidados; el rostro que se mira en los gastados espejos de la noche no es el mismo. El hoy fugaz es tenue y es eterno; otro Cielo no esperes, ni otro Infierno. EL REMORDIMIENTO He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados. Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz. Cumplida no fue su joven voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías. Me legaron valor. No fui valiente. No me abandona. Siempre está a mi lado La sombra de haber sido un desdichado. POEMA DE LOS DONES Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche. De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz, que sólo pueden leer en las bibliotecas de los sueños los insensatos párrafos que ceden las albas a su afán. En vano el día les prodiga sus libros infinitos, arduos como los arduos manuscritos que perecieron en Alejandría. De hambre y de sed (narra una historia griega) muere un rey entre fuentes y jardines; yo fatigo sin rumbo los confines de esta alta y honda biblioteca ciega. Enciclopedias, atlas, el Oriente y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y cosmogonías brindan los muros, pero inútilmente. Lento en mi sombra, la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso, yo, que me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Algo, que ciertamente no se nombra con la palabra azar, rige estas cosas; otro ya recibió en otras borrosas tardes los muchos libros y la sombra. Al errar por las lentas galerías suelo sentir con vago horror sagrado que soy el otro, el muerto, que habrá dado los mismos pasos en los mismos días. ¿Cuál de los dos escribe este poema de un yo plural y de una sola sombra? ¿Qué importa la palabra que me nombra si es indiviso y uno el anatema? Groussac o Borges, miro este querido mundo que se deforma y que se apaga en una pálida ceniza vaga que se parece al sueño y al olvido.

Nezahualcóyotl /Poeta

Coyote-Hambriento Rey de Texcoco (1431-1472)
PONEOS DE PIE ¡Amigos míos, poneos de pie! Desamparados están los príncipes, Yo soy Nezahualcóyotl, Soy el cantor, Soy papagayo de gran cabeza. Toma ya tus flores y tu abanico ¡Con ellos ponte a bailar! Tú eres mi hijo, Tú ere Yoyontzin. Toma ya tu cacao, La flor del cacao, ¡que sea ya bebida! ¡Hágase el baile, No es aquí nuestra casa, No viviremos aquí, Tú de igual modo tendrás que marcharte. http://www.los-poetas.com/netz1.htm#Alegraos

Luis Vaz de Camões /Poeta

(Portugal, 10 de junio de 1524 - 10 de junio de 1580) Poco se sabe de este escritor portugués, generalmente considerado como el mayor poeta en lengua portuguesa. También autor de alguna obra en castellano, algo propio de su época. Posiblemente nacido en Lisboa, un 10 de junio, tampoco se sabe cuándo y dónde adquirió su enorme bagaje cultural, aunque es posible que haya sido durante una larga estancia en Coimbra. Se sabe que regresó a Lisboa, llevando una vida bohemia y con varios amores, no sólo con damas de la corte, sino hasta con la propia infanta doña María, hermana del rey Manuel I de Portugal. En 1553, tras haber sido preso por un altercado, parte a la India, y este es uno de los pocos hechos de su vida que los documentos corroboran. Se asentó en la ciudad de Goa donde habría escrito gran parte de su obra. Regresó a Portugal, pero por el camino naufragó en las costas de Mozambique y se vio forzado, por falta de medios, a quedarse allí. En este lugar lo encontró viviendo de sus amigos su también amigo Diogo do Couto, quien le pagó el viaje hasta Lisboa, a dónde llegó finalmente en 1569. Pobre y enfermo, consiguió publicar Os Lusíadas en 1572 gracias a las influencias de algunos amigos cercanos al rey Sebastián I de Portugal. Pero incluso la publicación de Os Lusíadas está envuelta en misterio -hay dos ediciones del mismo año y no se sabe cual fue la primera. En cuanto a su obra lírica, el volumen de sus rimas le fue robado. Así, la obra lírica de Camões fue publicada póstumamente, no habiendo acuerdo entre los diferentes editores en cuanto al número de sonetos escritos por el poeta. Falleció en Lisboa el 10 de junio de 1580 y un amigo tuvo que pagar la sepultura. Después del terremoto de 1755 se ignora el paradero de sus restos mortales, que no están en ninguno de los dos sepulcros oficiales que hoy le están dedicados. Su obra se sitúa entre el clasicismo y el manierismo. Actualmente, el Premio Luis de Camões, instituido en 1988 por los gobiernos de Brasil y Portugal, es el más importante en lengua portuguesa.

SONETO IV De mi estado me encuentro tan incierto, Que en vivo ardor temblando estoy de frío; Sin causa al mismo tiempo lloro y río, Y es todo el mundo para mí un desierto.
Es todo cuanto siento un desconcierto; Mi alma un volcán, mis ojos son un río: Ahora espero, ahora desconfío, Ahora desvarío, ahora acierto.
Estando en tierra al cielo voy volando; Cada hora me es mil años, y de hecho En mil años no encuentro un día u hora.
Si me pregunta alguno por qué así ando, Digo que no lo sé; pero sospecho Que es sólo porque a vos os vi, señora.
SONETO XI Siete años de pastor Jacob servía Al padre de Raquel, serrana bella; Mas no servía a él, servía a ella, Que a ella sola por premio pretendía.
Los días, esperando el feliz día, Pasaba, contentándose con vella; Mas Labán cauteloso, en lugar de ella, Faltando a su palabra, lo dio a Lía.
Él viendo que lo quitan con engaños A la que tantos años ha que espera, Como si no estuviera merecida,
Volvió a servir de nuevo otros siete años, Y aun serviría más, si no tuviera Para tan largo amor tan corta vida.
SONETO XII Está el lascivo y dulce pajarito Con su pico las plumas arreglando; El verso sin medida, alegre y blando, Entonando en el rústico arbolito. El cazador cruel, al pobrecito Se va con disimulo aproximando, Y la veloz saeta disparando, Lo arroja en un momento hasta el Cocito. Así mi corazón, que libre andaba (Como estaba de lejos destinado), Donde menos temía ha sido herido. Porque el flechero ciego me esperaba, Por poderme coger bien descuidado, En vuestros bellos ojos escondido.
SONETO XIX Dadme una ley, señora, de quereros, Que la guarde so pena de enojaros, Pues la fe que me obliga a tanto amaros, Hará que quede en ley de obedeceros. Todo prohibidme menos el veros Y en lo interior de mi alma contemplaros, Porque si así no llego a contentaros, Siquiera nunca llegue hasta ofenderos. Y si esa condición cruel y esquiva Que me deis ley de vida no consiente, Dadme al menos, señora, ley de muerte. Y si ni ésta me dais, justo es que viva, Sin saber cómo vivo tristemente; Mas al menos contento con mi suerte.
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/camoes.htm http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/34694061093470539465679/index.htm

Fernando Pessoa /Poemas

(Portugal, 13 de junio de 1888 — 30 de noviembre de 1935) HABLAS DE CIVILIZACIÓN Hablas de civilización, y de no deber ser, O de no deber ser así. Dices que todos sufren, o la mayoría de todos, Con las cosas humanas puestas de esta manera. Dices que si fueran diferentes, sufrirían menos. Dices que si fueran como tú quieres, sería mejor. Escucho sin oirte. ¿Para qué te querría oir? Oyéndote nada quedaría sabiendo. Si las cosas fueran diferentes, serían diferentes: es todo. Si las cosas fueran como tú quieres, serían sólo como tú quieres. ¡Ay de ti y de todos los que llevan la vida A querer inventar la máquina de hacer felicidad! EL PASTOR AMOROSO El pastor amoroso perdió el cayado, Y las ovejas dispersáronse por la ladera, Y de tanto pensar, ni tocó la flauta que trajo para(*) tocar. Nadie se le apareció o desapareció. Nunca más encontró el cayado. Otros, maldiciendo contra él, recogiéronle las ovejas. Nadie lo había amado, al final. Cuando se erguió de la ladera y de la verdad falsa, vio todo: Los grandes valles llenos de los mismos verdes de siempre, Las grandes montañas de lejos, más reales que cualquier sentimiento, La realidad toda, como el cielo y el aire y los campos que existen, están presentes. (Y de nuevo el aire, que le faltara tanto tiempo, le entró fresco en los pulmones) Y sintió que de nuevo el aire le abría, pero con dolor, una libertad en el pecho. NO BASTA No basta abrir la ventana Para ver los campos y el rio. No es bastante no ser ciego Para ver los árboles y las flores. Es preciso también no tener filosofía ninguna. Con filosofía no hay árboles: hay ideas apenas. Hay sólo cada uno de nosotros, como un sótano. Hay sólo una ventana cerrada, y todo el mundo allá afuera; Y un sueño de lo que podría verse si la ventana se abriera, Que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana. LA ESPANTOSA REALIDAD DE LAS COSAS La espantosa realidad de las cosas Es mi descubierta de todos los días. Cada cosa es lo que es, Y es difícil explicar a alguien cuanto me alegra eso, Y cuanto me basta eso. Basta existir para ser completo. Tengo escritos bastantes poemas. He de escribir muchos más, naturalmente. Cada poema mio dice esto, Y todos mis poemas son diferentes, Porque cada cosa que hay es una manera de decir esto. A veces póngome a mirar a una piedra. No me pongo a pensar si ella siente. No me pierdo a llamarle mi hermana. Pero gusto de ella por ella ser una piedra, Gusto de ella porque ella no siente nada. Gusto de ella porque ella no tiene parentezco ninguno conmigo. Otras veces oigo pasar el viento, Y hallo que sólo para oir pasar el viento vale la pena haber nacido. Yo no sé lo que es que otros pensarán leyendo esto; Pero hallo que esto debe estar bien porque lo pienso sin estorbo, Ni idea de otras personas oyéndome pensar; Porque lo pienso sin pensamientos Porque lo digo como mis palabras lo dicen. Una vez me llamaron poeta materialista, Y yo me admiré, porque no juzgaba Que se me pudiera llamar cualquier cosa. Yo ni siquiera soy poeta: veo. Si lo que escribo tiene valor, no soy yo que lo tengo: El valor está ahí, en mis versos. Todo eso es absolutamente independiente de mi voluntad. CUANDO VENGA LA PRIMAVERA Cuando venga la Primavera, Si yo ya estuviera muerto, Las flores florecerán de la misma manera Y los árboles no serán menos verdes que en la Primavera pasada. La realidad no precisa de mí. Siento una alegría enorme Al pensar que mi muerte no tiene importancia alguna Si supiera que mañana moriría Y la primavera fuera pasado mañana, Moriría contento, porque ella sería pasado mañana. Si ese es su tiempo, ¿cuando había ella de venir sino en su tiempo? Gusto de que todo sea real y que todo este bien; Y gusto porque así sería, incluso si yo no gustase. Por eso, si muriera ahora, muero contento, Porque todo es real y todo está bien. Pueden rezar en latín sobre mi cajón, si quisieran. Si quisieran, pueden bailar y cantar en rueda a él. No tengo preferencias para cuando ya no pueda tener preferencias. Lo que fuera, cuando fuera, es que será lo que es. CUANDO VUELVA A VENIR LA PRIMAVERA Cuando vuelva a venir la Primavera Tal vez ya no me encuentre en el mundo. Gustaba ahora de poder juzgar que la Primavera es gente Para poder suponer que ella lloraría, Viendo que perdiera a su único amigo. Pero la Primavera ni siquiera es una cosa: Es una manera de decir. Ni mismas las flores vuelven, o las hojas verdes. Hay nuevas flores, nuevas hojas verdes. Hay otros días suaves. Nada vuelve, nada se repite, porque todo es real. VIVE Vive, dices, en el presente, Vive sólo en el presente. Pero yo no quiero el presente, quiero la realidad; Quiero las cosas que existen, no el tiempo que las mide. ¿Qué es el presente? Es una cosa relativa al pasado y al futuro. Es una cosa que existe en virtud de otras cosas que existen. Yo quiero sólo la realidad, las cosas sin presente. No quiero incluir al tiempo en mi esquema. No quiero pensar las cosas como presentes; quiero pensar en ellas como cosas. No quiero separarlas de sí mismas, tratándolas por presentes. Yo ni por reales las debería tratar. Yo no las debería tratar por nada. Yo debería verlas, apenas verlas; Verlas hasta no poder pensar en ellas, Verlas sin tiempo, ni espacio, Ver pudiendo dispensar todo menos lo que se ve. Es esta ciencia de ver, que no es ninguna. HOY DE MAÑANA Hoy de mañana salí muy temprano, Por haber despertado todavía más temprano Y no haber nada que quisiese hacer... No sabía por qué camino tomar Pero el viento soplaba fuerte, barría para un lado, Y seguí el camino para donde el viento me soplaba en las espaldas. Así ha sido siempre mi vida, y Así quiero que pueda ser siempre — Voy adonde el viento me lleva y no me Siento a pensar. http://www.fpessoa.com.ar

Federico García Lorca

(España, 5 de junio de1898 – 1936 Es uno de los más grandes poetas y dramaturgos de la primera mitad del siglo XX, una de las víctimas de la guerra civil española. Nació en 1898 en el pueblo de Fuentevaqueros, provincia de Granada, en Andalucía, el mismo año que otras dos grandes figuras de la literatura mundial, el americano Ernest Hemingway y el alemán Bertolt Brecht. Murió hace ya 71 años, el 19 de agosto 1936. La influencia de su región natal se encuentra en toda su obra. En 1914 empieza sus estudios de derecho, filosofía y letras en la Universidad de Granada. Viaja por toda España y descubre los tesoros culturales del país. Cinco años después comienza su “carrera” de estudiante en Madrid (será estudiante aquí hasta 1928), donde conoce al gran poeta Juan Ramón Jiménez y al cineasta famoso Luis Buñuel. Después de sus estudios en España, viaja por los Estados Unidos. Allí estudia y da conferencias en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Viaja también por Cuba, país que le impresiona mucho. Los obras de ese período están reunidas en el libro de poemas Poeta en Nueva York. Federico García Lorca nunca fue de algún movimiento literario. Sus temas se inspiran a menudo de la tradición andaluza y española. Desde 1933 Federico García Lorca conoce muchos éxitos. Pero en el mismo período nubes plomizas se forman en el cielo de la política internacional. Desde hace once años Mussolini gobierna en Italia, y en Alemania ha caído la frágil república de Weimar. El nuevo canciller se llama Adolf Hitler. El primer estallido de violencia ocurrirá en España. El 13 de julio 1936, José Calvo Sotelo, líder del partido monárquico "Renovación Española" es sacado de su casa y matado en un camposanto de Madrid. Comienza la insurrección de una gran parte del ejército. García Lorca no es de partido político alguno, pero un artista moderno es por definición un enemigo para un régimen autoritario, para aquellos que interrumpirán el discurso del rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, con gritos tales como "¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!". García Lorca huye de Madrid por Granada, que está más tranquila. Después de una denuncia anónima es arrestado por milicias nacionalistas. El 19 de agosto lo matan y arrojan su cuerpo en algún barranco de la Sierra Nevada. La guerra civil continuará tres años, causará un millón de víctimas y el exilio de cientos de miles de españoles, de casi toda la “inteligencia” del país. El compositor y amigo de García Lorca, Manuel de Falla, llega en 1939 a América del Sur. Morirá siete años después en Buenos Aires sin ver su país natal de nuevo.

ROMANCE DE LA LUNA, LUNA A Conchita García Lorca La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira, mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño. Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos. Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados. Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado. El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño, tiene los ojos cerrados. Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. Cómo canta la zumaya, ¡ay, cómo canta en el árbol! Por el cielo va la luna con un niño de la mano. Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. El aire la está velando.

Alfonsina Storni

(Suiza, 29 de mayo de 1892 – Argentina, 1938)

QUEJA Señor, Señor, hace ya tiempo, un día soñé un amor como jamás pudiera soñarlo nadie, algún amor que fuera la vida toda, la poesía. Y pasaba el invierno y no venía, y pasaba también la primavera, y el verano de nuevo persistía, y el otoño me hallaba con mi espera. Señor, Señor, mi espalda está desnuda: haz restallar allí, con mano ruda el látigo que sangra a los perversos. Que está la tarde ya sobre mi vida, y a esta pasión ardiente y desmedida la he perdido, Señor, haciendo versos.
CAPRICHO Sábado fue, y capricho el beso dado, capricho de varón, audaz y fino, mas fue dulce el capricho masculino a este mi corazón, lobezno alado. No es que crea, no creo, si inclinado sobre mis manos te sentí divino, y me embriagué. Comprendo que este vino no es para mí, mas juega y rueda el dado. Yo soy esa mujer que vive alerta, tú el tremendo varón que se despierta en un torrente que se ensancha en río, y más se encrespa mientras corre y poda. Ah, me resisto, mas me tiene toda, tú, que nunca serás del todo mío. ¡AYMÉ! Y sabías amar, y eras prudente, y era la primavera y eras bueno, y estaba el cielo azul, resplandeciente. Y besabas mis manos con dulzura, y mirabas mis ojos con tus ojos, que mordían a veces de amargura. Y yo pasaba como el mismo hielo... Yo pasaba sin ver en dónde estaba ni el cruel infierno ni el amable cielo. Yo no sentía nada... En el vacío vagaba con el alma condenada a mi dolor satánico y sombrío. Y te dejé marchar calladamente, a ti, que amar sabías y eras bueno, y eras dulce, magnánimo y prudente. Toda palabra en ruego te fue poca, pero el dolor cerraba mis oídos... Ah, estaba el alma como dura roca.
Más información:

Alejandra Pizarnik

Poeta argentina nacida en Buenos Aires en 1936. Obtuvo su título en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires y posteriormente viajó a Paris hasta 1964 donde estudió Literatura Francesa en La Sorbona y trabajó en el campo literario colaborando en varios diarios y revistas con sus poemas y traducciones de Artaud y Cesairé, entre otros. Es una de las voces más representativas de la generación del sesenta y está considerada como una de las poetas líricas y surrealistas más importantes de Argentina.
HIJA DEL VIENTO Han venido. Invaden la sangre. Huelen a plumas, a carencias, a llanto. Pero tú alimentas al miedo y a la soledad como a dos animales pequeños perdidos en el desierto. Han venido a incendiar la edad del sueño. Un adiós es tu vida. Pero tú te abrazas como la serpiente loca de movimiento que sólo se halla a sí misma porque no hay nadie. Tú lloras debajo del llanto, tú abres el cofre de tus deseos y eres más rica que la noche. Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan.
LA ENAMORADA ante la lúgubre manía de vivir esta recóndita humorada de vivir te arrastra Alejandra no lo niegues. hoy te miraste en el espejo y te fuiste triste estabas sola y la luz rugía el aire cantaba pero tu amado no volvió enviarás mensajes sonreirás tremolarás tus manos así volverá tu amado tan amado oyes la demente sirena que lo robó el barco con barbas de espuma donde murieron las risas recuerdas el último abrazo oh nada de angustias ríe en el pañuelo llora a carcajadas pero cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú te remuerden los días te culpan las noches te duele la vida tanto tanto desesperada ¿adónde vas? desesperada ¡nada más!
SALVACIÓN Se fuga la isla. Y la muchacha vuelve a escalar el viento y a descubrir la muerte del pájaro profeta. Ahora es el fuego sometido. Ahora es la carne ... la hoja ... la piedra perdidas en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilización que purifica la caída de la noche. Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía.
ANILLOS DE CENIZA A Cristina Campo Son mis voces cantando para que no canten ellos, los amordazados grismente en el alba, los vestidos de pájaro desolado en la lluvia. Hay, en la espera, un rumor a lila rompiéndose. Y hay, cuando viene el día, una partición de sol en pequeños soles negros. Y cuando es de noche, siempre, una tribu de palabras mutiladas busca asilo en mi garganta para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

César Vallejo, Poeta Universal

(Perú, 16 de marzo de 1892 - Francia, 15 de abril de 1938) César Abraham Vallejo Mendoza nació en Santiago de Chuco, un pueblo andino del Perú. Sus padres fueron Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero. César fue el menor de once hermanos. Su apariencia mestiza se debe que sus abuelas fueron indias y sus abuelos sacerdotes gallegos. Era “hombre muy moreno, con nariz de boxeador y gomina en el pelo”, según González Ruano. Sus padres querían dedicarlo al sacerdocio, lo que él en su primera infancia aceptó de muy buena gana; de ahí que existan tantas referencias bíblicas y litúrgicas en sus primeros poemas. Sus estudios primarios los realiza en el mismo Santiago de Chuco, pero desde abril de 1905 hasta 1908 estudia la secundaria en el colegio San Nicolás de Huamachuco. En 1910 se matricula en la facultad de Letras de la Universidad de Trujillo pero se retira por carencias económicas. Apoya a su padre en sus tareas de gobernador y abogado y participa con los trabajadores de las minas de Quiruvilca, lo que recuerda más adelante en su novela El tungsteno. Luego viaja a Lima con el objeto de estudiar medicina en la facultad de San Fernando (UNMSM), pero interrumpe sus estudios en 1912. Trabaja en la hacienda azucarera Roma, en el valle de Chicama. Al año siguiente retorna a Trujillo a retomar sus estudios universitarios. Trabaja como profesor a fin de costearse sus estudios. Siendo profesor de primaria tuvo como pequeño alumno al novelista Ciro Alegría. En 1915 culmina su carrera de Letras y el 22 de septiembre expone su tesis de bachiller, El romanticismo en la poesía castellana. En 1916 frecuenta la “bohemia trujillana” (o también, el grupo “El norte”) y se enamora de María Rosa Sandoval. En 1917 conoce a “Mirto” (Zoila Rosa Cuadra), su segunda pareja, pero el romance duró poco y al parecer César intentó suicidarse a causa del desengaño. Como fuera, luego se embarcó en el vapor Ucayali con rumbo a Lima. En la capital encuentra en Clemente Palma a un detractor de su obra (había calificado de mamarracho el poema “El poeta a su amada”). Sin embargo, es este el periodo en que Vallejo conoce a lo más selecto de la intelectualidad limeña. Llegó a entrevistarse con José María Eguren y con Manuel González Prada, a quien los más jóvenes consideraban entonces un maestro y guía. En 1918 entra a trabajar al colegio Barros. Cuando en septiembre muere el director y fundador del citado colegio, Vallejo consigue la plaza de director del plantel. Luego, en 1919 es profesor en Guadalupe. Ese año ven la luz los poemas de Los heraldos negros, que muestran huellas del modernismo en su estructura. El poeta toca la angustia existencial, la culpa personal y el dolor, como, por ejemplo, en los conocidos versos "Hay golpes en la vida tan fuertes... ¡Yo no sé!" o "Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo". Se vendieron relativamente pocos ejemplares, pero el libro fue bien recibido por la crítica. Su madre murió en 1920 y al volver a Santiago de Chuco es encarcelado injustamente durante 105 días, acusado de haber participado en el incendio y saqueo de una casa. En la cárcel escribe la mayoría de los poemas de Trilce. En 1921 sale en libertad condicionaly se dirige nuevamente a Lima, pues su cuento Más allá de la vida y de la muerte es premiado. En 1922 Antenor Orrego, líder del Grupo Norte, publica los poemas que Vallejo escribió durante su reclusión con el título Trilce, pero es recibido tibiamente por la crítica, que no alcanzaba a comprender la vanguardia. Salvo por el propio Antenor Orrego, quien dijo de Vallejo que "a partir de este sembrador se inicia una nueva época de la libertad, de la autonomía poética, de la vernácula articulación verbal". Trilce anticipó gran parte del vanguardismo que se desarrollaría en los años 1920 y '30. En este libro Vallejo lleva la lengua española a límites insospechados: inventa palabras, fuerza la sintaxis, emplea la escritura automática y otras técnicas utilizadas por los movimientos "dadá" y "superrealista", tal como el relato onírico Finnegans Wake de James Joyce. Es admitido nuevamente en el colegio Guadalupe. Con el dinero que le adeudaba el Ministerio de Educación, se embarca con rumbo a Europa, de donde no regresará. Viaja en el vapor Oroya el 17 de junio de 1923, con una moneda de quinientos soles. Arriba a París el 13 de julio. Sus ingresos siempre fueron insuficientes y provenían del periodismo, si bien también había fungido de traductor. Escribía para Variedades y Mundial. Inicia su amistad con Juan Larrea y con Vicente Huidobro; traba contacto con importantes intelectuales como Pablo Neruda y Tristán Tzara. En 1926 conoce a su primera compañera francesa, Henriette Maisse, con quien convivirá hasta octubre de 1928. Con el poeta español Juan Larrea funda una revista, pero sigue escribiendo para Variedades y Amauta, la revista de José Carlos Mariátegui. Profundiza sus estudios sobre el marxismo. En 1927 conoce a Georgette Phillipart. Ese año viaja a Rusia. Hacia 1929 sigue colaborando con Variedades, Mundial y el diario El Comercio, como corresponsal oficial. En 1930 el gobierno español le concede una modesta beca para escritores. Retorna a París y después parte a Rusia para participar en el Congreso Internacional de Escritores Solidarios con el Régimen Soviético. Nuevamente regresa a París y se casa con Georgette Phillipart en 1934. Se adhiere al Partido Comunista del Perú fundado por Mariátegui. En 1937 Vallejo y Neruda fundan en España el “grupo hispanoamericano de ayuda a España”. En 1938 es profesor de Lengua y Literatura, pero en marzo sufre de agotamiento físico. El 24 es internado por una enfermedad desconocida, que entra en crisis el 7 y el 8 de abril. Fallece el 15 de abril del '38, un viernes santo con llovizna en París, pero no un jueves, como escribió en un poema famoso. Se le realiza un embalsamiento. Su elogio fúnebre estuvo a cargo de Louis Aragon. El 19 de abril sus restos son trasladados a la Mansión de la Cultura y más tarde al cementerio de Moutrouge. El 3 de abril de 1970 los restos del poeta son trasladados al cementerio de Montparnasse. Se ha acusado a Georgette Phillipart de adueñarse del cadáver, pues los restos de César Vallejo no han sido devueltos al Perú. Poemas humanos, publicado por la esposa del poeta después de la muerte de Vallejo, es una obra de poesía política y social profundamente humanista, más que izquierdista. Casi todos los poemas de este libro son póstumos, aunque unos pocos fueron publicados por Vallejo en revistas. El poeta nunca indicó un título con el cual agruparlos, pero al revisar entre sus escritos se encontró que tenía planificado un libro de "poemas humanos", razón por la que sus editores eligieron titular así sus trabajos en verso y en prosa. No menos importante es su breve libro España, aparta de mí este cáliz, obra póstuma de César Vallejo, que sin duda compendia los versos más intensos y hondos que escritor alguno llevó a cabo sobre la Guerra Civil Española 1936-1939.
LOS HERALDOS NEGROS Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... Yo no sé! Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán talvez los potros de bárbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte. Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
ESPERGESIA Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que soy malo; y no saben del diciembre de ese enero. Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío en mi aire metafísico que nadie ha de palpar: el claustro de un silencio que habló a flor de fuego. Yo nací un día que Díos estuvo enfermo. Hermano, escucha, escucha... Bueno. Y que no me vaya sin llevar diciembres, sin dejar eneros. Pues yo nací un día que Díos estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que mastico... Y no saben por qué en mi verso chirrían, oscuro sinsabor de féretro, luyidos vientos desenroscados de la Esfinge preguntona del Desierto. Todos saben... Y no saben que la luz es tísica, y la Sombra gorda... Y no saben que el Misterio sintetiza... que él es la joroba musical y triste que a distancia denuncia el paso meridiano de las lindes a las Lindes. Yo nací un día que Dios estuvo enfermo,grave.

Vicente Aleixandre

(Sevilla, 26 de abril de 1898 - Madrid, 13 de diciembre de 1984)
Hijo de una familia de la burguesía española, su padre era ingeniero de ferrocarriles. Nace en Sevilla en 1898 pero pasa su infancia en Málaga, donde comparte estudios con el futuro escritor Emilio Prados. Se traslada a Madrid donde cursa estudios de Derecho y Comercio. En 1919 se licencia en Derecho y obtiene el título de intendente mercantil. Ejerce de profesor de Derecho Mercantil desde 1920 a 1922 en la Escuela de Comercio. En 1917 conoce a Dámaso Alonso en Las Navas del Marqués, lugar donde veraneaba, y este contacto supone el descubrimiento de Rubén Darío, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Inicia de este modo una profunda pasión por la poesía. Su salud empieza a quebrantarse en 1922. En 1925 se le declara una nefritis tuberculosa, que termina con la extirpación de un riñón, operación realizada en 1932. Publica sus primeros poemas en la Revista de Occidente en 1926. Establece contacto con Cernuda, Altolaguirre, Alberti y García Lorca. Después de la Guerra Civil no se exilia, a pesar de sus ideas izquierdistas. Permanece en España y se convierte en uno de los maestros de los jóvenes poetas.
LOS BESOS No te olvides, temprana, de los besos un día. De los besos alados que a tu boca llegaron. Un instante pusieron su plumaje encendido sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto. Te rozaron los dientes. Tú sentiste su bulto, en tu boca latiendo su celeste plumaje. Ah, redondo tu labio palpitaba de dicha. ¿Quién no besa esos pájaros cuando llegan, escapan? Entreabierta tu boca vi tus dientes blanquísimos. Ah, los picos delgados entre labios se hunden. Ah, picaron celestes, mientras dulce sentiste que tu cuerpo ligero, muy ligero, se erguía. ¡Cuán graciosa, cuán fina, cuán esbelta reinabas! Luz o pájaros llegan, besos puros, plumajes. Y oscurecen tu rostro con sus alas calientes, que te rozan, revuelan, mientras ciega tú brillas. No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan. Mira: vuelan, ascienden, el azul los adopta. Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo.
Gimen, cantan, esplenden. En el cielo deliran.