“Nueva” versión sobre Acteal

Foto: Enrique Carrasco (www.sjmex.org)

A diez años de la masacre, buscan diluir la responsabilidad del Estado

Hermann Bellinghausen /La Jornada

San Cristóbal de las Casas, Chis. 18 de diciembre. Llega el anunciado décimo aniversario de la matanza de Acteal y, como toda herida viva en la memoria nacional, lo hace con la sostenida demanda de justicia, de castigo a los responsables intelectuales, y no sólo materiales de aquel hecho del 22 de diciembre de 1997.

Así lo ha reiterado durante una década la organización Las Abejas (a la cual pertenecían las víctimas) al menos una vez al mes, o sea, en más de 60 ocasiones. Han compartido la demanda decenas de organismos de derechos humanos en México y diversas partes del mundo. Desde el primer momento fue también una exigencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y del municipio autónomo de Polhó.

Acteal es quizás un símbolo, un hito. Pero no sólo eso. Es, ante todo, una historia viva que tuvo miles de testigos presenciales que durante todo este tiempo han contado una misma historia, la que vivieron. No sólo el día de la matanza, sino en los meses previos y los años consecutivos, prolijos en hechos dolorosos, desplazamientos de largo plazo, episodios sin fin de violencia institucional (directa, económica y sicológica), ocupación militar, hostilidad y agresión paramilitares.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos está por dictar resolución sobre la demanda de responsabilizar al Estado mexicano de aquella tragedia. Y es en este momento cuando surge, con respaldo mediático, una “nueva” versión de los hechos, animada por la defensa de los paramilitares de Chenalhó inculpados y procesados. Se trata, abiertamente, de una estrategia procesal para favorecer a sus defendidos y “hacer justicia”.

Con tal fin se han resucitado las conclusiones del libro blanco de Acteal (1998), con el cual la Procuraduría General de la República (PGR) dio por cerrado el expediente con la misma conclusión que había adelantado un año atrás, a cuatro días de la masacre, el entonces titular de la dependencia, Jorge Madrazo Cuéllar: se trató de un pleito inter e intracomunitario por un banco de arena y un puñado de viejas rencillas resueltas “a lo indio”.

Libro blanco y “revisiones” oficialistas

Si bien esa versión nunca fue aceptada por las víctimas, tanto abejas como zapatistas, ni por los centros de derechos humanos, comenzando por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (CDHFBC), que ha llevado el caso desde 1997, el libro blanco ha servido de vez en cuando para fundamentar “revisiones” oficialistas en ediciones de poca circulación y escaso impacto en la opinión pública. La “nueva” versión que los abogados de los paramilitares han puesto en circulación no es tan nueva en realidad.

La piedra angular de esta interpretación sería el emocionante descubrimiento de que no fue una masacre, por demás anunciada. No, habría sido una batalla, con trincheras y todo. De pronto resulta que durante nueve o diez años nadie se percató de que había otra película, ¡una que nadie vio!

La “nueva” versión de lo que ocurrió ese 22 de diciembre ya tiene más de un año en el aire, cuando tomó la defensa de los paramilitares presos el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), acogiendo en su clínica jurídica al equipo de abogados del fallido senador panista (por coalición) Erik Hugo Flores, con el respaldo de Ricardo Raphael de la Madrid, investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y sobrino del ex presidente Miguel de la Madrid.

Raphael, quien preside también la organización Alternativa Ciudadana 21, aventuró hace ya un año la hipótesis de la batalla, entonces entre signos de interrogación (El Universal, 17 de diciembre de 2006). Ahora, él mismo, junto con el abogado Javier Angulo Nobara y el director de la División de Estudios Jurídicos del CIDE, Antonio Caballero, anuncian públicamente que pedirán a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que atraiga el caso, además de que preparan amparos para 18 de los procesados, todos indígenas de Chenalhó.

Según versiones periodísticas, este lunes Raphael pidió a los medios de comunicación “ir más allá del debate sobre si Acteal fue o no un crimen de Estado, para poner el acento en los diez años perdidos y en la injusticia cometida contra la mayoría de los procesados, que son también víctimas”.

En realidad, el “debate” sobre la responsabilidad del gobierno federal de Ernesto Zedillo no está “en los medios”, sino en las denuncias, testimonios y demandas penales de los sobrevivientes, con un pie (eternamente regateado) en los tribunales.

Llama la atención esta determinación programática (quitar del horizonte la “posible” responsabilidad del Estado), para enfocarse en la presunta inocencia de algunos de los procesados. Ahora resulta que la masacre no la habrían realizado, como lo afirmó la PGR, sólo nueve paramilitares (miembros de un grupo de “autodefensa”, según sus abogados y articulistas que los respaldan), sino que fue el resultado de una “batalla” (ni siquiera un “enfrentamiento armado”) donde hubo “otro bando” (presuntamente de zapatistas).

Cabe señalar que la única fuente explícita de esta “nueva” versión está en las declaraciones tardías de dos de los asesinos confesos y presos de Acteal (Roberto Méndez Gutiérrez y Lorenzo Pérez Vázquez), según han documentado y divulgado sus defensores, quienes elaboran dicha relectura desde 2006, contradiciendo en esto, pero sólo en esto, a la cuestionada versión oficial de la PGR.

La conmemoración de Acteal está moviendo el piso en muchas partes. El gobernador de Chiapas, Juan Sabines, anunció hace un año (22 de diciembre de 2006) la reapertura de una fiscalía especial. “La matanza -dijo entonces Sabines- sigue siendo una pesadilla para todos los chiapanecos, porque los responsables intelectuales aún no han sido castigados, por lo que sigue siendo un crimen horrendo que golpea a familiares y amigos de las víctimas”. Ahora esa fiscalía, creada al fin recientemente, ha llamado a declarar (por primera vez) al ex gobernador Julio César Ruiz Ferro y a otros ex funcionarios estatales.

http://www.jornada.unam.mx/2007/12/19/index.php?section=politica&article=007n1pol

Todos somos Chiapas

El escritor, en Acteal

José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998

Cada mañana, cuando nos despertamos, podemos preguntarnos qué nuevo horror nos habrá deparado, no el mundo, que ese, pobre de el, es sólo víctima paciente, sino nuestros semejantes, los hombres. Y cada día nuestro temor se ve cumplido, porque el ser humano, que inventó las leyes para organizarse la vida, inventó también, en el mismo momento o incluso antes, la perversidad para utilizar esas leyes en beneficio propio y sobre todo, en contra del otro. El hombre, mi semejante, nuestro semejante, patentó la crueldad como fórmula de uso exclusivo en el planeta y desde la perversión de la crueldad ha organizado una filosofía, un pensamiento, una ideología, en definitiva, un sistema de dominio y de control que ha abocado al mundo a esta situación enferma en que hoy se encuentra.

Sirva este largo preámbulo para explicar el estado de ánimo con que recibí la terrible noticia de la matanza de Acteal. Se nos decía “45 muertos en Chiapas” como antes se había hablado de “Insurgencia en Chiapas” y uno acepta el enunciado como si fuera un mazazo, uno mas que añadir al de ayer y al de mañana, una cuenta más en el rosario de crímenes del hombre contra el hombre. Sin embargo, la mañana que se publicó la matanza de Acteal mi casa se paró. Dijimos:

Tenemos que comprender. Debemos compartir. Y nos fuimos a México, a Chiapas, al centro del dolor y al corazón de nuestro pasado, al único lugar donde el conocimiento podía producirse. Fuimos a Chiapas y nos vimos reflejados en las miradas de la gente sobreviviente de las matanzas de la historia, en los ojos negros de los niños mutilados, en la paciencia incomprensible de los ancianos que nos observaban, quizá queriendo comprender también ellos. Viendo a los indígenas chiapanecos descubrimos nuevos rostros de la lógica del poder, tan igual siempre, tan inmutable a lo largo del tiempo, de las generaciones y de los usos políticos.

Estuvimos en Chiapas. Vimos las casas de la gente que habita dichas regiones, los campamentos de desplazados, los asentamientos provisionales y los considerados definitivos. Conocimos sus propuestas para el futuro, que para ellos siempre será imperfecto, y que están reflejadas en los Acuerdos de San Andrés que el gobierno suscribió y ahora no quiere respetar, y conocimos a Rosario Castellanos, la escritora que a pesar de haber muerto hace 24 años sigue siendo una embajadora de Chiapas, porque en sus novelas supo contar las vicisitudes de los indios y las tropelías de los blancos. Vimos al Ejército Mexicano con uniformes de campaña y equipado para iniciar una guerra. Vimos a los Voluntarios Internacionales asistiendo a niños desnutridos y a Mujeres Jóvenes que han perdido su dentadura y el cuerpo se les ha resquebrajado como se resquebraja el barro seco que sostiene sus pobres casas. Vimos la pobreza, la humillación, el dolor, pero también vimos la dignidad en las palabras del guerrillero que nos describía por que decidió rebelarse y secundar el llamamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, ultimo y quizá único recurso para frenar el lento genocidio que vienen padeciendo los indígenas de México y del resto de América.

Porque los Indígenas de Chiapas no son los únicos humillados y vencidos del mundo: en los cinco continentes se repiten cada día situaciones de vejación y crimen contra grupos, etnias, pueblos, en definitiva, contra los pobres de los pobres, contra lo que el sistema imperante, el capitalismo autoritario que rige el mundo, considera inútil para sus objetivos y por lo tanto, desechable, saldo, material de derribo susceptible de eliminación sin pagar por ello. Sin que los auténticos responsables paguen por ello, como una y otra vez estamos viendo. Sin embargo, en Chiapas se ha dicho basta. Los indígenas se han organizado para combatir y negociar. En torno del Sub–Comandante Marcos, han plantado cara al gobierno y han dado una lección de dignidad al mundo y esto no es retórica. La decisión firme de vivir otra vida la percibimos en los Hombres y Mujeres con las que hablamos, en la firmeza y en la rotundidad de gestos y palabras, en la nueva concepción que de ellos mismos tienen. Los indígenas han asumido para ellos el proyecto de Zapata, y Zapatistas ellos, es decir, bajo la bandera de “Tierra y Libertad” que Zapata esgrimió, seguirán combatiendo al gobierno, al latifundio, al capital, a la concepción de la historia que los considera superfluos, especie a extinguir.

Fuimos a Chiapas. Recogimos Impresiones, Conocimiento, Emociones. Compartimos el dolor y las lágrimas. Como otros que fueron antes los que Irán en el futuro. Sabemos que tenemos la obligación de contar lo que vimos, decir los nombres de los niños, de los cooperantes, de las personas que se hicieron indígenas para poder sentir como los indios y así comprender mejor. Vinimos cargados de nombres, Jerónimo, Pedro, María, Ulises, Samuel, Marcos, Rafael, Ramona, Rosario, Carlos, nombres castellanos para una gente Antigua y Contemporánea.

Chiapas no es una noticia en un periódico, ni la ración cotidiana de horror. Chiapas es un lugar de dignidad, un foco de Rebelión en un Mundo patéticamente adormecido. Debemos seguir viajando a Chiapas y hablando de Chiapas. Ellos nos lo piden. Dicen en un cartel que se encuentra a la salida del campo de refugiados de Polho: “¿Cuando el último os hayáis ido qué va a ser de nosotros?”.

Ellos no saben que cuando se ha estado en Chiapas, ya no se sale jamás.

Por eso hoy estamos todos en Chiapas.

http://www.freewebs.com/ntnzine/matanzadeactealchiapas.htm

Acteal: volver a morir

Arturo Lomelí y Dolores Camacho* /La Jornada

Para quienes vivimos de cerca los acontecimientos en Chiapas, es doloroso e insultante que se “reviva” la matanza de Acteal en una discusión centrada en la responsabilidad de los autores materiales, la mayoría encarcelados, y no en la de los autores intelectuales, todos libres, o en las instituciones que fallaron en contra de las víctimas.

Ha sido ampliamente documentada la existencia de grupos paramilitares en Chiapas. En su formación y funcionamiento tuvieron gran responsabilidad los más altos niveles de mando en el país y las autoridades estatales. Hay que recordar que desde 1994 las autoridades de todas las jerarquías usaron un lenguaje que desembocaba en lo mismo: destruir al EZLN y su influencia en otros movimientos que resurgían en todo Chiapas.

En 1995, mientras Ernesto Zedillo enviaba a su secretario de Gobernación a la selva con una carta en la que decía “queremos dialogar”, se trató de aprehender a la dirigencia del EZLN. Las consecuencias de esta acción no se hicieron esperar: cientos de simpatizantes zapatistas fueron desplazados, la presencia militar en la región creció hasta alcanzar 250 posiciones militares.

Julio César Ruiz Ferro gobernó para una región de Chiapas, mientras que en la del “conflicto” lo hicieron los mandos militares. Se diseñó una estrategia de guerra, donde las fuerzas de la seguridad pública y el Ejército toleraban y preparaban a los grupos paramilitares en todo el estado. El Ejército los protegía. Se agredió a los simpatizantes zapatistas más débiles, tal y como indican los manuales de GBI (guerra de baja intensidad).

Los miembros de estos grupos fueron vistos armados y uniformados, y adiestrados por ex militares o ex policías, algo comprobado incluso por la PGR, como consta con el autodenominado Máscara Roja en el informe sobre Acteal.

Simultáneamente se apoyaron proyectos productivos, como el de 4 millones 600 mil pesos que el gobierno de Ruiz Ferro otorgó a la organización Paz y Justicia en la zona norte. En el acto desarrollado en El Limar, en julio de 1997, estuvo como testigo de honor el comandante de la séptima región militar, Mario Renán Castillo. El dinero sirvió para comprar armas, como ha sido denunciado por militantes de Paz y Justicia que decidieron abandonar la organización cuando se enteraron de las intenciones “verdaderas” de la organización.

Con esta estrategia la organización se fortaleció, pero también el número de desplazados creció a 8 mil. En Chenalhó llegó a 12 mil, porque todos aquellos que no aceptaron convertirse en agresores de los zapatistas prefirieron huir para evitar las represalias. De ahí nació el concepto oficial de “autodesplazados”.

En Chenalhó y el Norte, el partido del Frente Cardenista está “casualmente” involucrado en la formación de los grupos paramilitares. Manuel Anzaldo aparece en constantes referencias de los campesinos cuando cuentan cómo dejaron de ser priístas y se convierten en cardenistas y luego en enemigos de los zapatistas.

El cierre de los templos, la agresión a don Samuel Ruiz, los discursos de los líderes de Paz y Justicia que repetían a sus seguidores que “no debían dejarse influenciar por ideas externas que les llevaba la Iglesia y debían rescatar su pasado chol”, eran el reflejo de lo que ocurría en el norte de Chiapas. También fue expresión de esta situación la agresión constante contra Las Abejas o los simpatizantes zapatistas y perredistas de Chenalhó, estas últimas, acciones ocurridas de mayo a diciembre de 1997 en la región de Yabjteklum, Polhó y Los Chorros.

Ahora se pretende afirmar, tal como hizo la PGR, que el hecho de que los muertos previos a la masacre son mayoritariamente cardenistas o priístas prueba que los responsables son los zapatistas. Sostener esa versión es muestra del desconocimiento de lo que sucedió, o un intento por liberar a los responsables materiales y evitar que se involucre a los intelectuales.

Los sobrevivientes de Acteal y los habitantes del municipio autónomo de Polhó, así como antiguos cardenistas que no aceptaron la presión para convertirse en enemigos zapatistas, comentan que “los cardenistas y priístas muertos fueron asesinados por los propios caciques priístas y cardenistas. Los mataron porque no quisieron cooperar y armarse para enfrentar a los zapatistas o porque había que matarlos para responsabilizar a los zapatistas y así hacer creer que éstos era asesinos y malos”. Esto encaja con la versión de Las Abejas, cuando aseguran que fueron amenazados por los grupos armados para no ser asesinados; incluso tuvieron que robar a sus propios compañeros y entregarles el fruto del robo a los líderes paramilitares. Vivieron esta agresión durante muchos meses hasta que se resistieron a continuar con esta práctica y sus casas fueron quemadas y tuvieron que huir para no ser asesinados.

La policía estatal protegió a los priístas y cardenistas como ellos mismos declararon ante la PGR. Las historias de los sobrevivientes, que estuvieron 12 horas escondidos para no ser asesinados, demuestra la complicidad de la policía y el Ejército, que estaban a unas cuantos metros de la masacre.

¿Cómo explicar que las víctimas de esta matanza eran simpatizantes zapatistas, pero no zapatistas, más relacionados con la Iglesia y la oración que con grupos proactivos de derechos políticos y sociales? Si, como indican las conclusiones de la PGR, los grupos se armaron para la autodefensa y sus defensores, ¿por qué los muertos no fueron integrantes de los supuestos grupos armados zapatistas?

Es cierto: no están todos los culpables en la cárcel, pero los que están confesaron su culpabilidad y fueron señalados por las víctimas o se denunciaron unos a otros. Los culpables intelectuales de la matanza en todos los niveles deberían acompañar a los asesinos materiales, pero parece ser que, para algunos, eso es secundario.

* Dolores Camacho es investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México-PROIMMSE y Arturo Lomelí profesor de la Universidad Autónoma de Chiapas-Facultad de Ciencias Sociales

http://www.jornada.unam.mx/2007/11/03/index.php?section=politica&article=014a1pol

Renuncia fiscal por la decisión de la SCJN en el caso de Lydia Cacho

México, 15 dic (EFE).- La ex fiscal para los delitos contra las mujeres de México Alicia Elena Pérez Duarte, quien renunció ayer al cargo de forma sorpresiva y en repudio a un fallo de la Suprema Corte en el caso de la periodista Lydia Cacho, dijo hoy a Efe que continuará su lucha desde otra trinchera: en el campo de la defensa.

"Fue una decisión que tomé después de quince días de estar reflexionando sobre mi papel y lo que yo podía hacer como funcionaria pública para revertir la sensación de injusticia e inseguridad que dejó a muchas mujeres del país la decisión de la Corte", declaró Pérez Duarte en una entrevista.

"Quiero trabajar de manera más activa ya en la defensa de las mujeres que son violentadas, en la base de la problemática de la violencia contra las mujeres", agregó quien fue la primera titular de la Fiscalía especial de delitos contra las mujeres, creada en febrero de 2006.

La ex funcionaria confió en que el trabajo de la Fiscalía va a continuar porque se formó un equipo sólido y citó como ejemplo la investigación que llevó a la cárcel a varios militares que violaron a 13 prostitutas.

Versiones de prensa mencionan como posible nueva fiscal a Guadalupe Morfín, quien en 2004 fue la primera comisionada federal para la erradicación de la violencia contra las mujeres en Ciudad Juárez, donde se han reportado desde 1993 más de 400 asesinatos de mujeres.

"Si efectivamente es ella, sería una excelente decisión", agregó Pérez Duarte.

Explicó que la investigación sobre Lydia Cacho era llevada inicialmente por las fiscalías especiales de periodistas y de mujeres, la primera con la lógica de la libertad de expresión y la segunda por las agresiones de género.

En octubre pasado, el fiscal general, Eduardo Medina Mora, decidió que la investigación la continuara la Fiscalía de periodistas, que integró a su averiguación el expediente de la Fiscalía de Mujeres.

Pérez Duarte confío en que el fiscal de delitos contra periodistas, Octavio Orellana, termine de integrar ambas indagatorias y pueda concluir con que fueron violadas las garantías individuales de Cacho y que hubo una conspiración de las autoridades de Puebla.

Dijo que espera que su renuncia ayude a que se siga discutiendo a fondo el tema de las decisiones de la Corte y los efectos que tienen en la sociedad.

La ex fiscal aseguró que varias mujeres víctimas de violencia se acercaron a ella para comentarle que si eso le había pasado a una mujer importante como Lydia Cacho, qué podían esperar ellas.

La renuncia fue anunciada anoche por Pérez Duarte en la cadena CNN en español, donde dijo que estaba avergonzada de pertenecer al sistema de justicia mexicano después del fallo de la Corte.

Aseguró que la investigación que llevó del caso hasta octubre pasado apunta a que "hubo actos de tortura" contra Cacho y confabulación de las autoridades del gobierno de Puebla.

La Corte ha recibido duras críticas de diversos sectores al decidir el 29 de noviembre pasado que no investigará casos de pederastia en relación con la denuncia de la periodista Lydia Cacho, y que no hubo graves violaciones contra ella.

Cacho destapó una red de pederastia en el sureste del país en su libro "Los demonios del Edén" y tras su publicación la periodista fue detenida en diciembre de 2005 por supuestas órdenes del gobernador de Puebla, Mario Marín, en aparente complicidad con miembros de una red de pederastas, para aplicarle un escarmiento.

El presidente de la Suprema Corte, Guillermo Ortiz Mayagoitia, afirmó ayer que los jueces tienen vocación por la justicia y no por la popularidad, y aseguró que la decisión de no investigar al controvertido gobernador Marín no significa una "absolución".

La sangre del cordón umbilical

Los volantes en el consultorio médico lo ofrecen como uno de los mejores regalos posibles para los futuros padres: un registro en el que amigos y familiares aportan para recaudar unos 2,000 dólares con los que podrán almacenar la sangre del cordón umbilical del bebé por nacer, en previsión de futuras enfermedades.

Ese concepto de un seguro biológico es una posibilidad que la mayoría de las futuras mamás no deben ignorar, dicen las nuevas pautas de los pediatras nacionales que instan a más padres a donar la sangre de los cordones umbilicales de sus bebés para salvar vidas.

Esas normas han sido formuladas en momentos en que el gobierno estadunidense empieza a montar el primer banco nacional de sangre de cordón umbilical, destinado a impedir unas 12,000 muertes anuales, si los bancos públicos logran competir a pie de igualdad con las compañías privadas que ahora almacenan la mayor parte de la sangre de cordón preservada en el mundo.

Esa sangre es rica en células troncales (células madre, germinales o precursoras, según las distintas denominaciones que reciben) -la materia prima que produce la sangre-, las mismas células que posibilitan los transplantes de médula ósea que ayudan a muchos pacientes a sobrevivir ciertos tipos de cáncer y otras enfermedades.

Pero la sangre del cordón tiene algunas ventajas: estas células troncales jóvenes son trasplantadas más fácilmente a otras personas que la médula ósea, y pueden ser descongeladas rápidamente, con mayor facilidad que encontrar un donante de médula ósea.

Debería haber una cantidad suficiente como para bancos privados y públicos, dice la Dra. Elizabeth Shpall, del Banco M.D. Anderson de Sangre de Cordón Umbilical (M.D. Anderson Cord Blood Bank). Después de todo, se descarta la sangre del cordón de la mayoría de los cuatro millones de nacimientos anuales en Estados Unidos.

El principal desafío consiste en informar mejor al público; y el mayor obstáculo: el reducido número de hospitales que permiten donaciones.

Su propio trabajo ilustra los agudos contrastes socio-económicos de la industria: en el Hospital General Ben Taub de Houston, Shpall encuentra que las futuras madres, en su mayoría hispanas, no sólo no tienen los medios para pagar un banco de sangre privado, sino que muy pocas han oído siquiera que la sangre del cordón umbilical tiene aplicaciones médicas.

Provista de un apoyo federal de 3 millones de dólares para mejorar las necesarias donaciones para minorías, está trabajando con programas de radio y televisión en español que en unos pocos meses empezarán a informar a las mamás acerca de sus opciones y sobre los hospitales que admiten donaciones.

Su mensaje: "A menos que usted tenga un familiar con cáncer, es improbable que necesite jamás esa sangre almacenada, y si la dona prestará un servicio a la humanidad". Los bancos privados tienen almacenadas unas 400,000 unidades.

¿Cuál es la controversia? Decidir quién necesita realmente almacenar la sangre del cordón umbilical de su propio recién nacido para su posible uso posterior. El almacenamiento privado cuesta de 1,500 a 1,900 dólares por adelantado, y unos 125 dólares por año de allí en adelante, aunque algunos ofrecen programas especiales para familias de menores ingresos.

Las pautas publicadas el mes de febrero pasado por la Academia Estadunidense de Pediatría aconsejan:

-Los padres deberían considerar el almacenamiento privado sólo si un hermano mayor tiene cáncer o determinadas enfermedades genéticas que se haya demostrado son tratables con la sangre del cordón umbilical.

-Todos los demás deberían considerar donar la sangre del cordón umbilical de sus recién nacidos. Las probabilidades de que un niño necesite una infusión de su propia sangre más adelante en la vida son escasas, entre una en 1,000 y una en 200,000.

Los bancos privados disienten aduciendo que a medida que los científicos aprendan más sobre las células troncales, la sangre almacenada podría facilitar tratamientos personalizados para las enfermedades cardíacas u otras dolencias mortíferas más comunes.

"Eso es todavía muy experimental", replica el Dr. Mitchell Cairo del Centro Médico de la Universidad de Columbia, coautor de las nuevas normas.

Asimismo los médicos ni siquiera están seguros de que la sangre pueda seguir usándose después de haber estado almacenada durante décadas.

En febrero también un grupo de médicos en Illinois reportó el primer éxito aparente en el tratamiento de la leucemia de un niño con su propia sangre del cordón umbilical, algo que era habitualmente imposible porque esa misma sangre suele ser portadora del defecto genético desencadenante del cáncer. (AP)

La pérdida de un ser querido aumenta el riesgo de muerte de quien la sufre: estudio médico

BBC Mundo / La Jornada On Line

Un estudio científico afirma que la gente que sufre la pérdida de un ser querido tiene hasta 20% más riesgo de morir. Según los investigadores de la Universidad de Utrecht, en Holanda, el dolor psicológico causado por una muerte cercana juega un papel muy importante.

Los expertos afirman que la gente que pierde a su pareja, por ejemplo, a menudo adopta hábitos poco saludables como una dieta insana o tabaquismo. De hecho, afirma el estudio publicado en la revista médica The Lancet, para los viudos el mayor riesgo de muerte está relacionado al consumo de alcohol y a la pérdida de su única confidente. Esto se debe a que a menudo es la esposa quien llevaba el control del régimen de salud.

Para las viudas el panorama no es tan claro, pero los investigadores creen que la intensa soledad y el dolor psicológico causado por la pérdida puede desempeñar un papel muy importante.

Estudios previos han demostrado que el dolor psicológico puede causar cambios físicos en el cuerpo, ya que las hormonas del estrés pueden trastornar los procesos del organismo. "Este hecho es bastante común en gente muy mayor", dijo a BBC Ciencia la psicóloga Diana Liberman, fundadora del Centro de Recuperación Emocional de la Pérdida y autora del libro Es hora de hablar del duelo. "Una persona que ha convivido durante 40 años o más con otra persona, es muy común que al poco tiempo de la pérdida sufra una enfermedad o alguna muerte súbita", agrega la experta.

El duelo

Los científicos analizaron varios estudios publicados sobre los riesgos que puede sufrir una persona con el corazón roto. El objetivo era analizar la relación entre la muerte de un ser querido y la salud física y mental.

Según los autores, el sufrimiento no es una enfermedad, y la mayoría de la gente es capaz de ajustarse a éste sin intervención psicológica profesional.

Sin embargo, descubrieron que la pérdida un ser querido puede estar asociada a un mayor riesgo de mortalidad, particularmente en las primeras semanas y meses después de la muerte. El estudio encontró que los hombres tenían 21% más probabilidad de morir después de la muerte de su esposa, y las viudas, el 17%, tras la pérdida del esposo.

Los hombres que pierden a la mujer también tienen tres veces más probabilidades de suicidarse, mientras que las viudas no mostraron mayor riesgo de suicidarse.

Otro estudio publicado en 2003 muestra que los padres tienen un mayor riesgo de suicidio tras la muerte de un hijo. Entre más joven es el hijo, el riesgo es mayor, y es particularmente alto en los primeros 30 días de duelo.

Según Diana Liberman, también es común ver a personas que tienen que recuperarse de la pérdida de dos seres cercanos. "Yo he trabajado con jóvenes que vienen a recuperarse de la muerte de una hermana, por ejemplo, y al poco tiempo pierden al padre", afirma.

Las consecuencias

Los científicos afirman que ese riesgo está asociado al menoscabo de la salud física, que se manifiesta en la presencia de síntomas y enfermedades, y en el menor uso de los servicios médicos. Afirman también que en el estudio encontraron patrones "consistentes", lo cual permite llegar a la conclusión de que "la mortalidad por el sufrimiento causado por una pérdida puede atribuirse en gran parte al llamado corazón roto".

Hay factores que incrementan la vulnerabilidad de una persona que sufre un corazón roto, explican los investigadores. Por ejemplo, las circunstancias de la muerte, la forma de aceptar la pérdida y otros factores personales.

"Es por eso que cuando ocurre la muerte de un hijo --dice Diana Liberman-- el padre debe tener un espacio y una posibilidad de hablar del duelo y de lo que perdió. Porque de lo contrario esto tendrá como consecuencia una enfermedad física o una muerte súbita", explica la experta a BBC Ciencia.

Lo principal, dice Liberman, es que la gente hable del dolor que siente o busque alguna intervención psicológica. "Lo que complica el duelo y lo que puede llevar a la enfermedad o la muerte es no hablar del duelo".

"Está comprobado que poder hablar del duelo atenúa el dolor, calma y permite que la gente pueda lograr, si no una vida intacta, sí lo más parecido a una vida normal", afirma la experta.

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7136000/7136183.stm

Luis Demetrio

(Mérida, Yucatán, 21-Abr-1931 – Cuernavaca, Morelos, 17-Dic-2007)

El compositor mexicano Luis Demetrio, autor del tema "La puerta", una de las favoritas del mundo de habla hispana, murió dejando un amplio legado musical que interpretaron artistas como Pedro Vargas, Javier Solís, Andy Russell, Eydie Gormé, Lola Flores y Luis Miguel.

Reconocido a nivel internacional por temas como "Felicidad", "Yo no sé que siento aquí", "Calendario", "Eres todo para mí", "Que vuelva a mí", "La copa de vino" y "Voy", entre otros, falleció a los 76 años de edad en Cuernavaca, Morelos.

El compositor, hijo de Juan B. Traconis y Ofelia Molina, nació en Mérida, Yucatán el 21 de abril de 1931. A los tres años mostró su inclinación por la música al ejecutar las melodías populares yucatecas con una pequeña armónica.

De acuerdo con la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), cuando cumplió 12 años reveló sus dotes de creador con su primera canción: "Felicidad".

En 1948 llegó a la Ciudad de México para cursar la carrera de contador, como su familia deseaba, pero con el interés de explorar el arte musical por lo que, sin descuidar sus obligaciones como estudiante, se introdujo en esa faceta.

En 1950 el trío Avileño le grabó su melodía "Yo no sé qué siento aquí", y casi al mismo tiempo el rey del mambo, Dámaso Pérez Prado, presentó esa misma tonada, pero rebautizada con el nombre "La cerveza".

En 1954 se integró a los coros de la orquesta América y para 1957 la Orquesta de Luis Arcaraz interpretó sus temas "Calendario", "Eres todo para mí" y "Que vuelva a mí". Ese mismo año Lucho Gatica internacionalizó "La puerta", que se colocó entre las grandes favoritas del mundo de habla hispana.

Pedro Vargas, Andy Russell, Tito Rodríguez, Virginia López, Celia Cruz, Eydie Gormé, Billy Vaughn, Lola Flores, The Barry Sisters, Elis Regina, Alberto Vázquez, Manolo Muñoz, Marco Antonio Muñiz y Dean Martin interpretaron sus temas antes de que dejara la composición para hacerse cargo de la dirección artística de una importante empresa grabadora.

Poco después regresó y escribió "El día", para Angélica María; "La copa de vino" y "Voy", en honor a Olga Guillot; "Si Dios me quita la vida", para Javier Solís, y "Te necesito", que interpretó Carlos Lico.

Su popularidad se tradujo en una invaluable cosecha de reconocimientos, pues en 1964 recibió la Musa de Radiolandia al Mejor Compositor del Año.

En 1965 obtuvo el Trébol de Oro por las mejores ventas y la Diosa de Plata del XI Concurso de la Televisión Mexicana al Mejor Compositor.

Además del Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores; el Calendario Azteca, de la Asociación Mexicana de Periodistas de Radio y Televisión (AMPRYT); los trofeos WHON, de Nueva York; el de la revista Farándula, también de Nueva York, y el de la KWKW, de Los Angeles, California.

En 1966 recibió el Trébol de Oro Musart por las Mejores Ventas del Año; la Diosa de Plata, al ser designado Compositor del Año en el XII Concurso de la Televisión Mexicana, y la Hebilla de Oro, al Artista del Año.

Un premio y reconocimiento por el segundo lugar en el Primer Festival de la Canción Latinoamericana de Miami, Florida, y la Palma de Oro en 1967 por el primer lugar en el Festival Internacional de Hollywood.

El 26 de octubre de 2005, la SACM organizó una ceremonia en sus instalaciones en la que el Consejo Directivo, encabezado por Roberto Cantoral, le rindió homenaje por sus 50 años de trayectoria. (Notimex)

Rainer Maria Rilke /Escritor

(Praga, 4 de diciembre de 1875 - Val-Mont, Suiza, 29 de diciembre de 1926)

Frases del escritor

La única patria feliz, sin territorio, es la conformada por los niños.

Busca la profundidad de las cosas; hasta allí nunca logra descender la ironía.

Sólo quien no excluya nada de su existencia, ni lo que sea enigmático y misterioso, logrará sentir hondamente sus relaciones con otro ser como algo vivo, y sólo él estará en condiciones de apurar por sí mismo su propia vida.

Sólo son malas y peligrosas las tristezas que se llevan entre la multitud para que ella las oculte.

Nos encontramos en una corriente donde debemos remontar la marea. La tristeza también es una ola.

El amor es la ocasión única de madurar, de tomar forma, de llegar a uno mismo a ser un mundo para el amor del ser amado.

http://www.frasedehoy.com/call.php?file=autor_mostrar&autor_id=562

La abeja haragana /Cuento

Cuento de Horacio Quiroga (1878 - 1937)

Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar, es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de conservarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba del todo.

Era, pues, una abeja haragana. Todas las mañanas, apenas el sol calentaba el aire, la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo, se peinaba con las patas, como hacen las moscas, y echaba entonces a volar, muy contenta del lindo día. Zumbaba muerta de gusto de flor en flor, entraba en la colmena, volvía a salir, y así se lo pasaba todo el día mientras las otras abejas se mataban trabajando para llenar la colmena de miel, porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas.

Como las abejas son muy serias, comenzaron a disgustarse con el proceder de la hermana haragana. En la puerta de las colmenas hay siempre unas cuantas abejas que están de guardia para cuidar que no entren bichos en la colmena. Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida y tienen el lomo pelado porque han perdido todos los pelos de rozar contra la puerta de la colmena.

Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba a entrar, diciéndole:

--Compañera: es necesario que trabajes, porque todas las abejas debemos trabajar.

La abejita contestó:

--Yo ando todo el día volando, y me canso mucho.

--No es cuestión de que te canses mucho --respondieron--, sino de que trabajes un poco. Es la primera advertencia que te hacemos.

Y diciendo así la dejaron pasar.

Pero la abeja haragana no se corregía. De modo que a la tarde siguiente las abejas que estaban de guardia le dijeron:

--Hay que trabajar, hermana.

Y ella respondió en seguida:

--¡Uno de estos días lo voy a hacer!

--No es cuestión de que lo hagas uno de estos días le respondieron-- sino mañana mismo. Acuérdate de esto.

Y la dejaron pasar.

Al anochecer siguiente se repitió la misma cosa. Antes de que le dijeran nada, la abejita exclamó:

--¡Sí, sí hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido!

--No es cuestión de que te acuerdes de lo prometido --le respondieron--, sino de que trabajes. Hoy es 19 de abril. Pues bien: trata de que mañana, 20, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora, pasa.

Y diciendo esto, se apartaron para dejarla entrar.

Pero el 20 de abril pasó en vano como todos los demás. Con la diferencia de que al caer el sol el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un viento frío.

La abejita haragana voló apresurada hacia su colmena, pensando en lo calientito que estaría allá dentro. Pero cuando quiso entrar, las abejas que estaban de guardia se lo impidieron.

--¡No se entra!--le dijeron fríamente.

--¡Yo quiero entrar! --clamó la abejita--. Esta es mi colmena.

--Esta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras --le contestaron las otras--. No hay entrada para las haraganas.

--¡Mañana sin falta voy a trabajar! --insistió la abejita.

--No hay mañana para las que no trabajan --respondieron las abejas, que saben mucha filosofía.

Y esto diciendo la empujaron afuera.

La abejita, sin saber qué hacer, voló un rato aún; pero ya la noche caía y se veía apenas. Quiso cogerse de una hoja, y cayó al suelo. Tenía el cuerpo entumecido por el aire frío, y no podía volar más.

Arrastrándose entonces por el suelo, trepando y bajando de los palitos y piedritas, que le parecían montañas, llegó a la puerta de la colmena, a tiempo que comenzaban a caer frías gotas de lluvia.

--¡Ay, mi Dios! --clamó la desamparada--. Va a llover, y me voy a morir de frío.

Intentó entrar en la colmena.

Pero de nuevo le cerraron el paso.

--¡Perdón!--gimió la abeja--. ¡Déjenme entrar!

--Ya es tarde--le respondieron.

--¡Por favor, hermanas! ¡Tengo sueño!

--Es más tarde aún.

--¡Compañeras, por piedad! ¡Tengo frío!

--Imposible.

--¡Por última vez! ¡Me voy a morir! Entonces le dijeron:

--No, no morirás. Aprenderás en una sola noche lo que es el descanso ganado con el trabajo. Vete.

Y la echaron.

Entonces, temblando de frío, con las alas mojadas y tropezando, la abeja se arrastró, se arrastró hasta que de pronto rodó por un agujero; cayó rodando, mejor dicho, al fondo de una caverna.

Creyó que no iba a concluir nunca de bajar. Al fin llegó al fondo, y se halló bruscamente ante una víbora, una culebra verde de lomo color ladrillo, que la miraba enroscada y presta a lanzarse sobre ella.

En verdad, aquella caverna era el hueco de un árbol que habían trasplantado hacía tiempo, y que la culebra había elegido de guarida.

Las culebras comen abejas, que les gustan mucho. Por esto la abejita, al encontrarse ante su enemiga, murmuró cerrando los ojos:

--¡Adiós mi vida! Esta es la última hora que yo veo la luz.

Pero con gran sorpresa suya, la culebra no solamente no la devoró sino que le dijo:

--¿Qué tal, abejita? No has de ser muy trabajadora para estar aquí a estas horas.

Es cierto --murmuró la abejita--. No trabajo, y yo tengo la culpa.

--Siendo así --agregó la culebra, burlona--, voy a quitar del mundo a un mal bicho como tú. Te voy a comer, abeja.

La abeja, temblando, exclamó entonces:

--¡No es justo eso, no es justo! No es justo que usted me coma porque es más fuerte que yo. Los hombres saben lo que es justicia.

--¡Ah, ah! --exclamó la culebra, enroscándose ligero--. ¿Tú conoces bien a los hombres? ¿Tú crees que los hombres que les quitan la miel a ustedes, son más justos, grandísima tonta?

--No, no es por eso que nos quitan la miel --respondió la abeja.

--¿Y por qué, entonces?

--Porque son más inteligentes.

Así dijo la abejita. Pero la culebra se echo a reír, exclamando:

--¡Bueno! Con justicia o sin ella, te voy a comer; apróntate.

Y se echo atrás, para lanzarse sobre la abeja. Pero ésta exclamó:

--Usted hace eso porque es menos inteligente que yo.

--¿Yo menos inteligente que tú, mocosa?-- se rió la culebra.

--Así es-- afirmó la abeja.

--Pues bien-- dijo la culebra--, vamos a verlo. Vamos a hacer dos pruebas. La que haga la prueba más rara, ésa gana. Si gano yo, te como.

--¿Y si gano yo?-- preguntó la abejita.

--Si ganas tú --repuso su enemiga--, tienes el derecho de pasar la noche aquí, hasta que sea de día. ¿Te conviene?

--Aceptado-- contestó la abeja.

La culebra se echó a reír de nuevo, porque se le había ocurrido una cosa que jamás podría hacer una abeja. Y he aquí lo que hizo:

Salió un instante afuera, tan velozmente que la abeja no tuvo tiempo de nada. Y volvió trayendo una cápsula de semillas de eucalipto, de un eucalipto que estaba al lado de la colmena y que le daba sombra. Los muchachos hacen bailar como trompas esas cápsulas, y les llaman trompitos de eucalipto.

--Esto es lo que voy a hacer --dijo la culebra--. ¡Fíjate bien, atención!

Y arrollando vivamente la cola alrededor del trompito como un piolín la desenvolvió a toda velocidad, con tanta rapidez que el trompito quedó bailando y zumbando como un loco. La culebra reía, y con mucha razón, porque jamás una abeja ha hecho ni podrá hacer bailar a un trompito. Pero cuando el trompito, que se había quedado dormido zumbando, como les pasa a los trompos de naranjo, cayó por fin al suelo, la abeja dijo:

--Esa prueba es muy linda, y yo nunca podré hacer eso.

--Entonces, te como --exclamó la culebra.

--¡Un momento! Yo no puedo hacer eso; pero hago una cosa que nadie hace.

--¿Qué es eso?

--Desaparecer.

--¿Cómo? --exclamó la culebra, dando un salto de sorpresa--. ¿Desaparecer sin salir de aquí?

--Sin salir de aquí.

--¿Y sin esconderte en la tierra?

--Sin esconderme en la tierra.

--Pues bien, ¡hazlo! Y si no lo haces, te como en seguida --dijo la culebra.

El caso es que mientras el trompito bailaba, la abeja había tenido tiempo de examinar la caverna y había visto una plantita que crecía allí. Era un arbustillo, casi un yuyito, con grandes hojas del tamaño de una moneda de dos centavos.

La abeja se arrimó a la plantita, teniendo cuidado de no tocarla, y dijo así:

--Ahora me toca a mí, señora Culebra. Me va a hacer el favor de darse vuelta, y contar hasta tres. Cuando diga "tres" búsqueme por todas partes, ¡ya no estaré más!

Y así pasó, en efecto. La culebra dijo rápidamente: "uno..., dos..., tres", y se volvió y abrió la boca cuan grande era, de sorpresa: allí no había nadie. Miró arriba, abajo, a todos lados, recorrió los rincones, la plantita, tanteó todo con la lengua. Inútil: la abeja había desaparecido.

La culebra comprendió entonces que si su prueba del trompito era muy buena, la prueba de la abeja era simplemente extraordinaria. ¿Qué se había hecho? ¿Dónde estaba?

Una voz que apenas se oía --la voz de la abejita-- salió del medio de la cueva.

--¿No me vas a hacer nada? --dijo la voz--. ¿Puedo contar con tu juramento?

--Sí --respondió la culebra--. Te lo juro. ¿Dónde estás?

--Aquí --respondió la abejita, apareciendo súbitamente de entre una hoja cerrada de la plantita.

¿Qué había pasado? Una cosa muy sencilla: la plantita en cuestión era una sensitiva, muy común también en Buenos Aires, y que tiene la particularidad de que sus hojas se cierran al menor contacto. Solamente que esta aventura pasaba en Misiones, donde la vegetación es muy rica, y por lo tanto muy grandes las hojas de las sensitivas. De aquí que al contacto de la abeja, las hojas se cerraron, ocultando completamente al insecto.

La inteligencia de la culebra no había alcanzado nunca a darse cuenta de este fenómeno; pero la abeja lo había observado, y se aprovechaba de él para salvar su vida. La culebra no dijo nada, pero quedó muy irritada con su derrota, tanto que la abeja pasó toda la noche recordando a su enemiga la promesa que había hecho de respetarla.

Fue una noche larga, interminable, que las dos pasaron arrimadas contra la pared mas alta de la caverna, porque la tormenta se había desencadenado, y el agua entraba como un río adentro.

Hacía mucho frío, además, y adentro reinaba la oscuridad más completa. De cuando en cuando la culebra sentía impulsos de lanzarse sobre la abeja, y ésta creía entonces llegado el término de su vida.

Nunca jamás, creyó la abejita que una noche podría ser tan fría, tan larga, tan horrible. Recordaba su vida anterior, durmiendo noche tras noche en la colmena, bien calientita, y lloraba entonces en silencio.

Cuando llegó el día, y salió el sol, porque el tiempo se había compuesto, la abejita voló y lloró otra vez en silencio ante la puerta de la colmena hecha por el esfuerzo de la familia. Las abejas de guardia la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no era la paseandera haragana, sino una abeja que había hecho en sólo una noche un duro aprendizaje de la vida.

Así fue, en efecto. En adelante, ninguna como ella recogió tanto polen ni fabricó tanta miel. Y cuando el otoño llegó, y llegó también el término de sus días, tuvo aún tiempo de dar una última lección antes de morir a las jóvenes abejas que la rodeaban:

--No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes. Yo usé una sola vez mi inteligencia, y fue para salvar mi vida. No habría necesitado de ese esfuerzo, si hubiera trabajado como todas. Me he cansado tanto volando de aquí para allá, como trabajando. Lo que me faltaba era la noción del deber, que adquirí aquella noche. Trabajen, compañeras, pensando que el fin a que tienden nuestros esfuerzos --la felicidad de todos-- es muy superior a la fatiga de cada uno. A esto los hombres llaman ideal, y tienen razón. No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja.

http://es.geocities.com/cuentohispano_zip/texto/quiroga_abeja.html

Explotación sexual de infantes en México

Notimex / La Jornada On Line

Hace unas décadas México sólo era un país de tránsito para personas traficadas; ahora es una nación de origen, cruce y destino.

Más de 40 mil niños y niñas en México son víctimas de explotación sexual y, en su mayoría, son obligados a ejercer la prostitución en zonas turísticas como Acapulco, Puerto Vallarta, Cancún, Tapachula, Tuxtla Gutiérrez y Tijuana.
Así lo planteó Beatriz Ortiz Elizondo, de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niños en América Latina y el Caribe, al participar en la mesa redonda "La trata de personas", organizado por la Facultad de Psicología de la UNAM.
Señaló que la mayoría de los menores son de los estados más pobres del país como Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Veracruz y Tlaxcala. Es decir, dijo, este problema presenta la misma dinámica que en el ámbito internacional, donde son llevados de naciones pobres a ricas.
Hasta hace unas décadas México sólo era un país donde circulaban personas traficadas, pero ahora se ha convertido en una nación de origen, tránsito y destino. Tan sólo en producción de material pornográfico ocupa el quinto lugar en el mundo, y el tercero en su consumo.
En un comunicado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la experta añadió que la mitad de los 10 mil niños en situación de calle de la ciudad de México han sido utilizados para producir cintas sexuales o para introducirlos al comercio carnal.
Incluso, reveló, en el Distrito Federal más de 70 por ciento de las mujeres en prostitución callejera iniciaron esa actividad en su niñez o adolescencia.
Ortiz Elizondo destacó que la trata de personas es uno de los negocios ilícitos más jugosos en el mundo, pues ocupa el tercer lugar, detrás del narcotráfico y de la venta de armas, con ganancias anuales de entre cinco y siete billones de dólares. Algunos expertos opinan que este fenómeno ya rebasó a la compra bélica.
Indicó que cuatro millones de mujeres y dos millones de niños y adolescentes son reclutados al año en el orbe para la industria del sexo; asimismo, dos millones de niñas son explotadas en el sudeste de Asia y América Latina en ese mismo giro.
La experta subrayó que hay más de cuatro millones de sitios de pornografía infantil en Internet y la actividad de los pedófilos que suben imágenes a la red aumenta por la noche 34 por ciento. Entre las 00:00 y 5:00 horas es de 31 puntos porcentuales, por la tarde llega a 25 y de las 6:00 a las 12:00 horas baja a 10 por ciento.
En cuanto a las víctimas, detalló que 80 por ciento son mujeres, niños y adolescentes, la mayoría de escasos recursos; entre 70 y 80 por ciento tiene historias de abuso sexual y desintegración familiar.
Detalló que 85 por ciento de los consumidores son hombres, y los actores involucrados son desde familiares, agencias de viajes, reclutadores, polleros y lenones, hasta policías, inspectores de vía pública, jueces cívicos, funcionarios y agentes de migración, entre otros.

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2007/11/28/en-mexico-mas-de-40-mil-infantes-son-victimas-de-explotacion-sexual-experta

De Voz en Voz /LVB No. 44

Organizarse para evitar accidentes

Gran injusticia en la Suprema Corte

Carlos Morales

Organizarse para evitar accidentes

-¡Háganse a un lado! ¡Háganse a un lado, por favor!, -ordenaba a eso de la una de la tarde quien al parecer es el nuevo comandante de la policía municipal, dirigiéndose a niñas y niños de la escuela primaria Gral. José Vicente Villada que salían de clases el miércoles 28 de noviembre. Por supuesto que antes de ordenar eso, el policía, sin decir agua va, ya había quitado el lazo que a esa hora diariamente colocan papás y mamás con el fin de impedir el paso de vehículos por ese tramo de Calzada del Panteón como medida obvia para que sus niñas y niños salgan con seguridad plena de la escuela.
Previo a esto, la propia institución responsable de la seguridad pública y de la vialidad, es decir, la policía municipal, había colocado una patrulla a la mitad de la avenida Juárez, por supuesto de manera improvisada, sin planeación u organización alguna, frente a decenas de carros y camiones que esperaban la luz verde del semáforo para seguir circulando por esa arteria tan importante. En consecuencia, forzadamente y en pleno desorden, los vehículos tuvieron que desviarse hacia la izquierda, por la avenida del Panteón, de uno en uno porque es muy angosto ese tramo (ya se imaginará usted la bola de saludos a la madre que recibieron los policías).
Pero esto último, que no deja de ser una arbitrariedad muy importante, es lo de menos si consideramos que por el otro lado de la calzada del Panteón, entre Juárez y 16 de septiembre, lo que la policía puso en juego fue la seguridad de niñas, niños, padres, madres, abuelos y abuelas que por la salida de clases atestaban ese tramo de calzada del Panteón, y la puso en juego porque el comandante, después de quitar de manera prepotente el lazo de seguridad mencionado, envió dos patrullas por delante (una de ellas muy bonita, de las nuevas que recibió el Ayuntamiento de parte del Gobierno del estado para apoyar labores que garanticen la seguridad de los habitantes de San Mateo Atenco) para abrirle camino a un cortejo fúnebre que pasaría por esa calle unos instantes después. Por cierto, entre las personas que participaban en ese cortejo iba la Cuarta Regidora, responsable de la comisión que incluye, entre otros aspectos, los educativos (suponemos que no estaba consciente de lo que estaba sucediendo, porque estamos seguros de que no es una persona que subestime la posibilidad de un accidente, sobre todo si éste puede sucederle a un niño o niña).
Sin duda, estaremos de acuerdo en que es muy importante todo el proceso fúnebre que acostumbramos realizar en San Mateo Atenco para despedir a nuestras y nuestros difuntos, y que concluye con el sepelio y las exequias, pero también coincidiremos en que es muy importante que en ningún momento de ese proceso se ponga en riesgo la integridad física de nadie, y menos de niñas y niños. Algún padre y algunas madres protestaron, incluso escuché a dos o tres niños decir que no se moverían, pero el comandante de la policía, levantando los hombros, hizo gestos como indicando: “¿Pues qué hago?”, como si algún superior le hubiese ordenado abrir paso, o como si estuviese obligado a hacerlo, o como si así fuera la costumbre.
Preguntamos: ¿De plano las autoridades, aun conociendo el acontecer diario de nuestro municipio, no pueden organizar con anticipación el libre circular de un cortejo fúnebre sin que nada ni nadie lo obstruya y sin poner en riesgo a nadie? A todos y todas nos interesa despedir a nuestros y nuestras difuntas de la mejor manera, dedicando a ésta, la última despedida, el tiempo que sea necesario, y dudo que a alguien no le interese tomar las medidas necesarias para prevenir cualquier posible accidente. Hago un llamado respetuoso a nuestras autoridades para que consideren lo que aquí menciono. Ya sabemos que lo mejor de los dados es no jugarlos. (Por cierto, no quiero dejar de señalar que ya van tres o cuatro ocasiones en que durante la salida de clases de la primaria Luis G. Tapia, cuando repartimos La Voz del Barrio a papás y mamás, no vemos a policía alguno dirigiendo el tránsito en la esquina de la escuela. Alguien no está haciendo bien su trabajo, o tiene tanto que descuida uno por atender otro. Ojalá no nos estemos lamentando después).

Gran injusticia en la Suprema Corte

Amiga lectora, amigo lector, ¿usted cree que la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de exonerar al gober Mario Marín es justa? Después de las evidencias por todos y todas conocidas ¿realmente cree usted que a Lydia Cacho no se le violentaron sus derechos y garantías individuales? ¿Piensa usted que la SCJN hizo bien en no pronunciarse en relación con las redes de pederastia que subyacen a todo este asunto, según lo demuestran también las evidencias y el libro Los demonios del edén de la periodista citada? ¿Acaso está convencido(a) usted, quien lee esta columna, que hoy en día nuestro máximo tribunal de Justicia actúa imparcialmente, respetando nuestra Carta Magna y las leyes que de ella emanan?
Si sus respuestas todas son positivas, le sugerimos revise y aumente con actitud crítica y detenimiento la información que le ha hecho llegar a esa conclusión (y también diversifique sus fuentes de información), porque si a Lydia Cacho, periodista que debido al caso que nos ocupa ya es muy conocida nacional e internacionalmente, ¿qué podríamos esperar si usted o yo nos encontráramos en el lugar de la periodista? (creo que, para empezar, nuestro caso ni siquiera hubiese llegado a la SCJN). El tribunal supremo, ni más ni menos, recubrió al gober precioso, mejor dicho a los políticos corruptos en el poder (que son la mayoría) y a muchos delincuentes que los financian, pederastas o no, con una densa capa de impunidad, avalando sus actos delictivos.
Como dice Arnoldo Kraus en el periódico La Jornada: “Para quienes hemos seguido el caso de Lydia Cacho, la lamentable decisión de la SCJN transmite un mensaje muy claro: mientras nos gobiernen quienes nos han gobernado, los derechos humanos en México nunca se respetarán. Lo mismo puede decirse de la justicia y de la ética, cuya prioridad es casi nula para las autoridades mexicanas. Es obvio que si a nuestro gobierno no le preocupa exponerse ante el mundo, a pesar de la reputación de Cacho, menos le intranquiliza la suerte de millones de innominados.
“La resolución de los magistrados es lamentable por el desdén que implica contra el grueso de la opinión pública; aunque no cuento con estadísticas –no creo que existan–, comprometo mi opinión al afirmar que la mayoría de las personas enteradas del caso Marín-Cacho están convencidas de las terribles amenazas sufridas por la periodista. No sobra recordar que el meollo del asunto es el tráfico de menores con fines sexuales, tema nefando para el cual no existe perdón posible.”
¿No cree usted que se excedió la Suprema Corte en su actuar corrupto y sumiso, al que por cierto ya nos estamos acostumbrando y del que todos y todas, quizás, en cierto grado somos cómplices mientras lo sigamos permitiendo? Creo yo que cada vez resulta más una obligación de todas y todos el informarse mejor, por diversas vías, y razonar más concienzudamente nuestro voto antes de concederlo a un o una candidata, sea del partido que sea, así como posteriormente estar al pendiente de cómo nos gobiernan. O usted ¿qué opina?

Fundamentalismos y violencia contra los derechos femeninos

Tiempos de flores, Girona (http://www.arte-redes.com/nocturama/?p=649)

CIMAC

Toda la vida de las mujeres, desde la infancia hasta la vejez, está ensombrecida por la violencia, como amenaza o como realidad, dice la académica feminista Marcela Lagarde.

Actualmente nadie, por poca información que maneje, puede negar que haya violencia contra las mujeres como fenómeno grave y reiterado, sin importar si son niñas, jóvenes o viejas, pobres o adineradas, con escasa escolaridad o profesionales, rurales o urbanas, que profesan una fe o no tienen creencia.
De ser un hecho oculto y mayormente silenciado hace unas décadas, hoy emerge al debate público como una problemática de dramáticas dimensiones que requiere de todos los sectores sociales, en especial de los gobiernos, respuestas urgentes, tanto para la aprobación de leyes que sancionen las distintas formas en que esta violencia se expresa, como también para el diseño y ejecución de políticas públicas coherentes con la gravedad del fenómeno.
Pero a pesar de esta aparente mayor apertura social y política respecto al tema, continúa insistentemente lo que se ha llamado "la naturalización" de la violencia hacia las mujeres, es decir, para muchas personas es normal, como si en la vida de las mujeres estuviese escrito que pueden y “merecen” ser castigadas.
Sin duda esto tiene que ver con la permanencia en nuestra cultura de una normativa patriarcal (esto es, con autoridad masculina, machista), a través de la cual se ejerce sobre las mujeres un control sobre su sexualidad y reproducción, sobre su expresión erótica, su maternidad, su acceso al trabajo y al mundo público, y sobre sus condiciones de vida en general.
Es así como cualquier desobediencia a los mandatos históricos impuestos puede significar un castigo para la mujer trasgresora. E incluso, sin existir dicha “trasgresión”, la sanción y la violencia pueden emerger igual.
Esto refleja claramente la forma en que el patriarcado se sustenta como un sistema de propiedad sobre las mujeres, un sistema regulatorio que controla sus vidas en un sentido muy amplio. Tal como señala Marcela Lagarde, "es un orden de propiedad social y privado de las mujeres, a través de la apropiación, posesión, usufructo y desecho de sus cuerpos vividos, su subjetividad y sus recursos, bienes y obras".

Ampliar la mirada

La comprensión del fenómeno de la violencia contra las mujeres nos exige, por lo tanto, identificar las formas a través de las cuales se concreta la apropiación de los cuerpos femeninos por parte del patriarcado, y cómo en el ámbito privado y en el público se las inferioriza y discrimina hasta el extremo de eliminar sus derechos humanos fundamentales.
La violencia contra las mujeres es una expresión clara del control de los cuerpos femeninos. El hombre que golpea a su pareja, que viola a su hija, que acosa a la compañera de trabajo o empleada, que persigue y mata a su ex esposa, está ejerciendo un poder patriarcal que le permite afianzar la autoridad masculina y sancionar o castigar el incumplimiento de mandatos culturales.
Desde la óptica tradicional, que la mujer no planche una camisa o no tenga la comida a tiempo pasan a ser excusas suficientes como para un castigo. El que una mujer quiera terminar la relación de pareja es una “afrenta” que puede castigarse con la muerte, Un alto número de homicidios contra ellas ocurre justamente cuando la mujer manifiesta su decisión de alejarse o cuando ya se ha ido.
La violencia contra las mujeres va incluso más allá de expresiones tales como golpes, amenazas, acoso, abusos, maltrato psicológico, coerción económica, sexo forzado, feminicidio. Y no son sólo las parejas, cónyuges, amigos o extraños quienes individualmente ejercen violencia contra las mujeres.
Pues si en la violencia con sesgo de género se evidencia cómo los cuerpos femeninos son sojuzgados, entonces podemos ampliar la mirada e identificar que esto surge también de los Estados y sus instituciones, de las ideologías, de las tradiciones, de la cultura, de las leyes, del sistema educativo, del sistema médico hegemónico, del lenguaje cotidiano, de los medios de comunicación, en fin, de un sistema social que domina, subordina y discrimina a las mujeres a través de distintos mecanismos Las exigencias intransigentes para que mujeres y hombres se sometan a doctrinas o prácticas establecidas, es decir, los fundamentalismos o fanatismos, en especial los religiosos, pero también los filosóficos, ideológicos, económicos, políticos o científicos, son un claro ejemplo de un sistema que ejerce acciones sobre la base de un poder ilegítimo, acciones que además van dirigidas a fomentar modelos únicos de conducta, pasándose “por el arco del triunfo” los estándares mínimos de respeto a los derechos humanos universales de quienes piensan, sienten y actúan de otra forma.
Las mujeres –y otros colectivos humanos, como las minorías sexuales– son blanco preferente de esas acciones, las que se caracterizan por su gran virulencia, extremismo e intolerancia.

La denuncia

El respeto, la promoción y la protección de los derechos humanos constituyen una exigencia de las sociedades actuales, y los derechos de la mujer no pueden verse limitados ni transgredidos bajo ningún pretexto, ni por personas a título individual, ni por instituciones, ni por los Estados ni por las prácticas religiosas o de cualquier otra ideología o forma de pensar y ver el mundo. Nada puede estar por encima del respeto a los derechos humanos fundamentales y las libertades democráticas de las mujeres, en tanto sujetas humanas.
Es así como las democracias, para ser reales, efectivas y respetuosas de la justicia social y de género, necesitan garantizar la plena vigencia de los derechos de las mujeres, incluido su derecho a la autodeterminación, a la libertad, a la igualdad, a la seguridad, a la autonomía de decisión sobre su cuerpo, su sexualidad y reproducción; a la maternidad voluntaria, gozosa y protegida; a la integridad corporal y psíquica; a no estar sometidas a torturas ni penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Al visualizar con claridad y precisión desde donde surge la violencia contra las mujeres, con sus múltiples expresiones, podremos, entonces, demandar a nuestras democracias que avancen a su erradicación. Y podremos también reparar las heridas históricas del cuerpo y la psiquis de las mujeres, concluye Boletina Mujer SaludHable.

http://www.cimacnoticias.com/site/s07112702-CONTEXTO-Fundament.31195.0.html

Juan Ramón Jiménez /Poeta

(España, 1788 - Puerto Rico, 1822)

EL CAMBIO

Lo terreno, por ti,
se hizo gustoso
celeste.
Luego,
lo celeste, por mí,
contento se hizo
humano.

MALVAS

Malvarrosa,
malvaseda.
¡Salud de la primavera!

Rosas agrias,
sedas férreas.
¡O mujer con asperezas!

Recojida
gracia entera.
¡Malvarrosa, malvaseda!

Casta sangre
de la tierra.
¡Virtud de la primavera!

ROSA, NIÑA

Todo el otoño, rosa,
es esa sola hoja tuya
que cae.

Niña, todo el dolor
es esa sola gota tuya
de sangre.

AJUSTE

¡Qué difícil es unir
el tiempo de frutecer
con el tiempo de sembrar!

(El mundo jira que jira,
ruedas que nunca se unen
en una rueda total)

¡Un solo día de vida,
un día completo y todo,
que no se acabe jamás!

Carta a un zapatero que compuso mal unos zapatos

Texto del escritor Juan José Arreola (Jalisco, 1918 – 2001)

Estimable señor:

Como he pagado a usted tranquilamente el dinero que me cobró por reparar mis zapatos, le va a extrañar sin duda la carta que me veo precisado a dirigirle.
En un principio no me di cuenta del desastre ocurrido. Recibí mis zapatos muy contento, augurándoles una larga vida, satisfecho por la economía que acababa de realizar: por unos cuantos pesos, un nuevo par de calzado. (Éstas fueron precisamente sus palabras y puedo repetirlas.)
Pero mi entusiasmo se acabó muy pronto. Llegado a casa examiné detenidamente mis zapatos. Los encontré un poco deformes, un tanto duros y resecos. No quise conceder mayor importancia a esta metamorfosis. Soy razonable. Unos zapatos remontados tienen algo de extraño, ofrecen una nueva fisonomía, casi siempre deprimente.
Aquí es preciso recordar que mis zapatos no se hallaban completamente arruinados. Usted mismo les dedicó frases elogiosas por la calidad de sus materiales y por su perfecta hechura. Hasta puso muy alto su marca de fábrica. Me prometió, en suma, un calzado flamante.
Pues bien: no pude esperar hasta el día siguiente y me descalcé para comprobar sus promesas. Y aquí estoy, con los pies doloridos, dirigiendo a usted una carta, en lugar de transferirle las palabras violentas que suscitaron mis esfuerzos infructuosos.
Mis pies no pudieron entrar en los zapatos. Como los de todas las personas, mis pies están hechos de una materia blanda y sensible. Me encontré ante unos zapatos de hierro. No sé cómo ni con qué artes se las arregló usted para dejar mis zapatos inservibles. Allí están, en un rincón, guiñándome burlonamente con sus puntas torcidas.
Cuando todos mis esfuerzos fallaron, me puse a considerar cuidadosamente el trabajo que usted había realizado. Debo advertir a usted que carezco de toda instrucción en materia de calzado. Lo único que sé es que hay zapatos que me han hecho sufrir, y otros, en cambio, que recuerdo con ternura: así de suaves y flexibles eran.
Los que le di a componer eran unos zapatos admirables que me habían servido fielmente durante muchos meses. Mis pies se hallaban en ellos como pez en el agua. Más que zapatos, parecían ser parte de mi propio cuerpo, una especie de envoltura protectora que daba a mi paso firmeza y seguridad. Su piel era en realidad una piel mía, saludable y resistente. Sólo que daban ya muestras de fatiga. Las suelas sobre todo: unos amplios y profundos adelgazamientos me hicieron ver que los zapatos se iban haciendo extraños a mi persona, que se acababan. Cuando se los llevé a usted, iban ya a dejar ver los calcetines.
También habría que decir algo acerca de los tacones: piso defectuosamente, y los tacones mostraban huellas demasiado claras de este antiguo vicio que no he podido corregir.
Quise, con espíritu ambicioso, prolongar la vida de mis zapatos. Esta ambición no me parece censurable: al contrario, es señal de modestia y entraña una cierta humildad. En vez de tirar mis zapatos, estuve dispuesto a usarlos durante una segunda época, menos brillante y lujosa que la primera. Además, esta costumbre que tenemos las personas modestas de renovar el calzado es, si no me equivoco, el modus vivendi de las personas como usted.
Debo decir que del examen que practiqué a su trabajo de reparación he sacado muy feas conclusiones. Por ejemplo, la de que usted no ama su oficio. Si usted, dejando aparte todo resentimiento, viene a mi casa y se pone a contemplar mis zapatos, ha de darme toda la razón. Mire usted qué costuras: ni un ciego podía haberlas hecho tan mal. La piel está cortada con inexplicable descuido: los bordes de las suelas son irregulares y ofrecen peligrosas aristas. Con toda seguridad, usted carece de hormas en su taller, pues mis zapatos ofrecen un aspecto indefinible. Recuerde usted, gastados y todo, conservaban ciertas líneas estéticas. Y ahora...
Pero introduzca usted su mano dentro de ellos. Palpará usted una caverna siniestra. El pie tendrá que transformarse en reptil para entrar. Y de pronto un tope; algo así como un quicio de cemento poco antes de llegar a la punta. ¿Es posible? Mis pies, señor zapatero, tienen forma de pies, son como los suyos, si es que acaso usted tiene extremidades humanas.
Pero basta ya. Le decía que usted no le tiene amor a su oficio y es cierto. Es también muy triste para usted y peligroso para sus clientes, que por cierto no tienen dinero para derrochar.
A propósito: no hablo movido por el interés. Soy pobre pero no soy mezquino. Esta carta no intenta abonarse la cantidad que yo le pagué por su obra de destrucción. Nada de eso. Le escribo sencillamente para exhortarle a amar su propio trabajo. Le cuento la tragedia de mis zapatos para infundirle respeto por ese oficio que la vida ha puesto en sus manos; por ese oficio que usted aprendió con alegría en un día de juventud... Perdón; usted es todavía joven. Cuando menos, tiene tiempo para volver a comenzar, si es que ya olvidó cómo se repara un par de calzado.
Nos hacen falta buenos artesanos, que vuelvan a ser los de antes, que no trabajen solamente para obtener el dinero de los clientes, sino para poner en práctica las sagradas leyes del trabajo. Esas leyes que han quedado irremisiblemente burladas en mis zapatos.
Quisiera hablarle del artesano de mi pueblo, que remendó con dedicación y esmero mis zapatos infantiles. Pero esta carta no debe catequizar a usted con ejemplos.
Sólo quiero decirle una cosa: si usted, en vez de irritarse, siente que algo nace en su corazón y llega como un reproche hasta sus manos, venga a mi casa y recoja mis zapatos, intente en ellos una segunda operación, y todas las cosas quedarán en su sitio.
Yo le prometo que si mis pies logran entrar en los zapatos, le escribiré una hermosa carta de gratitud, presentándolo en ella como hombre cumplido y modelo de artesanos.

Soy sinceramente su servidor.

FIN

Hablemos de... Un mes llamado Diciembre

Mafalda (por Quino)

Leticia Cervón A.

Tal parece que el mes de diciembre ha sido destinado para abrir y cerrar ciclos de vida. Me refiero a lo siguiente: es impresionante enterarse de cuántos personajes que han influido o marcado la historia del arte en el mundo nacieron o murieron en este mes. Menciono sólo algunos y algunas:
NACIMIENTOS.- Diego Rivera (pintor mexicano), María Callas (cantante italiana), José Carreras (tenor español), Carlos Gardel (compositor y actor argentino), Ludwig van Beethoven (músico alemán), Giacomo Puccini (compositor italiano), Pablo Casals (músico español), David Alfaro Siqueiros (pintor mexicano), etcétera, etcétera.
FALLECIMIENTOS.- Claude Oscar Monet (pintor francés), John Lennon (músico británico), W. A. Mozart (músico austriaco), Pierre Auguste Renoir (pintor francés), Antonio Stradivarius (violero italiano), Charles Chaplin (actor y director cinematográfico inglés), Joan Miró (pintor español), Maurice Ravel (músico francés), María Izquierdo (pintora mexicana), Jorge Negrete (actor y cantante mexicano), etcétera, etcétera. Y qué decir de algún familiar que se ha ido en éste, el último mes del año (o, por decirlo de manera quizá más positiva, en vísperas de un nuevo ciclo).
Pero no se trata nada más de pérdidas... Si inconscientemente en diciembre nos ponemos más vulnerables, también es cierto que reflexionamos, deseamos y planeamos acabar con todo lo que nos molesta, con el fin de empezar un nuevo año en el que se renueve el anhelo de una transformación o mejora personal.

Un pacto con el diablo

Cuento de Juan José Arreola

Aunque me di prisa y llegué al cine corriendo, la película había comenzado. En el salón oscuro traté de encontrar un sitio. Quedé junto a un hombre de aspecto distinguido.

-Perdone usted -le dije-, ¿no podría contarme brevemente lo que ha ocurrido en la pantalla?

-Sí. Daniel Brown, a quien ve usted allí, ha hecho un pacto con el diablo.

-Gracias. Ahora quiero saber las condiciones del pacto: ¿podría explicármelas?

-Con mucho gusto. El diablo se compromete a proporcionar la riqueza a Daniel Brown durante siete años. Naturalmente, a cambio de su alma.

-¿Siete nomás?

-El contrato puede renovarse. No hace mucho, Daniel Brown lo firmó con un poco de sangre.

Yo podía completar con estos datos el argumento de la película. Eran suficientes, pero quise saber algo más. El complaciente desconocido parecía ser hombre de criterio. En tanto que Daniel Brown se embolsaba una buena cantidad de monedas de oro, pregunté:

-En su concepto, ¿quién de los dos se ha comprometido más?

-El diablo.

-¿Cómo es eso? -repliqué sorprendido.

-El alma de Daniel Brown, créame usted, no valía gran cosa en el momento en que la cedió.

-Entonces el diablo...

-Va a salir muy perjudicado en el negocio, porque Daniel se manifiesta muy deseoso de dinero, mírelo usted.

Efectivamente, Brown gastaba el dinero a puñados. Su alma de campesino se desquiciaba. Con ojos de reproche, mi vecino añadió:

-Ya llegarás al séptimo año, ya.

Tuve un estremecimiento. Daniel Brown me inspiraba simpatía. No pude menos de preguntar:

-Usted, perdóneme, ¿no se ha encontrado pobre alguna vez?

El perfil de mi vecino, esfumado en la oscuridad, sonrió débilmente. Apartó los ojos de la pantalla donde ya Daniel Brown comenzaba a sentir remordimientos y dijo sin mirarme:

-Ignoro en qué consiste la pobreza, ¿sabe usted?

-Siendo así...

-En cambio, sé muy bien lo que puede hacerse en siete años de riqueza.

Hice un esfuerzo para comprender lo que serían esos años, y vi la imagen de Paulina, sonriente, con un traje nuevo y rodeada de cosas hermosas. Esta imagen dio origen a otros pensamientos:

-Usted acaba de decirme que el alma de Daniel Brown no valía nada: ¿cómo, pues, el diablo le ha dado tanto?

-El alma de ese pobre muchacho puede mejorar, los remordimientos pueden hacerla crecer -contestó filosóficamente mi vecino, agregando luego con malicia-: entonces el diablo no habrá perdido su tiempo.

-¿Y si Daniel se arrepiente?...

Mi interlocutor pareció disgustado por la piedad que yo manifestaba. Hizo un movimiento como para hablar, pero solamente salió de su boca un pequeño sonido gutural. Yo insistí:

-Porque Daniel Brown podría arrepentirse, y entonces...

-No sería la primera vez que al diablo le salieran mal estas cosas. Algunos se le han ido ya de las manos a pesar del contrato.

-Realmente es muy poco honrado -dije, sin darme cuenta.

-¿Qué dice usted?

-Si el diablo cumple, con mayor razón debe el hombre cumplir -añadí como para explicarme.

-Por ejemplo... -y mi vecino hizo una pausa llena de interés.

-Aquí está Daniel Brown -contesté-. Adora a su mujer. Mire usted la casa que le compró. Por amor ha dado su alma y debe cumplir.

A mi compañero le desconcertaron mucho estas razones.

-Perdóneme -dijo-, hace un instante usted estaba de parte de Daniel.

-Y sigo de su parte. Pero debe cumplir.

-Usted, ¿cumpliría?

No pude responder. En la pantalla, Daniel Brown se hallaba sombrío. La opulencia no bastaba para hacerle olvidar su vida sencilla de campesino. Su casa era grande y lujosa, pero extrañamente triste. A su mujer le sentaban mal las galas y las alhajas. ¡Parecía tan cambiada!

Los años transcurrían veloces y las monedas saltaban rápidas de las manos de Daniel, como antaño la semilla. Pero tras él, en lugar de plantas, crecían tristezas, remordimientos.

Hice un esfuerzo y dije:

-Daniel debe cumplir. Yo también cumpliría. Nada existe peor que la pobreza. Se ha sacrificado por su mujer, lo demás no importa.

-Dice usted bien. Usted comprende porque también tiene mujer, ¿no es cierto?

-Daría cualquier cosa porque nada le faltase a Paulina.

-¿Su alma?

Hablábamos en voz baja. Sin embargo, las personas que nos rodeaban parecían molestas. Varias veces nos habían pedido que calláramos. Mi amigo, que parecía vivamente interesado en la conversación, me dijo:

-¿No quiere usted que salgamos a uno de los pasillos? Podremos ver más tarde la película.

No pude rehusar y salimos. Miré por última vez a la pantalla: Daniel Brown confesaba llorando a su mujer el pacto que había hecho con el diablo.

Yo seguía pensando en Paulina, en la desesperante estrechez en que vivíamos, en la pobreza que ella soportaba dulcemente y que me hacía sufrir mucho más. Decididamente, no comprendía yo a Daniel Brown, que lloraba con los bolsillos repletos.

-Usted, ¿es pobre?

Habíamos atravesado el salón y entrábamos en un angosto pasillo, oscuro y con un leve olor de humedad. Al trasponer la cortina gastada, mi acompañante volvió a preguntarme:

-Usted, ¿es muy pobre?

-En este día -le contesté-, las entradas al cine cuestan más baratas que de ordinario y, sin embargo, si supiera usted qué lucha para decidirme a gastar ese dinero.

Paulina se ha empeñado en que viniera; precisamente por discutir con ella llegué tarde al cine.

-Entonces, un hombre que resuelve sus problemas tal como lo hizo Daniel, ¿qué concepto le merece?

-Es cosa de pensarlo. Mis asuntos marchan muy mal. Las personas ya no se cuidan de vestirse. Van de cualquier modo. Reparan sus trajes, los limpian, los arreglan una y otra vez. Paulina misma sabe entenderse muy bien. Hace combinaciones y añadidos, se improvisa trajes; lo cierto es que desde hace mucho tiempo no tiene un vestido nuevo. -Le prometo hacerme su cliente -dijo mi interlocutor, compadecido-; en esta semana le encargaré un par de trajes.

-Gracias. Tenía razón Paulina al pedirme que viniera al cine; cuando sepa esto va a ponerse contenta.

-Podría hacer algo más por usted -añadió el nuevo cliente-; por ejemplo, me gustaría proponerle un negocio, hacerle una compra...

-Perdón -contesté con rapidez-, no tenemos ya nada para vender: lo último, unos aretes de Paulina...

-Piense usted bien, hay algo que quizás olvida...

Hice como que meditaba un poco. Hubo una pausa que mi benefactor interrumpió con voz extraña:

-Reflexione usted. Mire, allí tiene usted a Daniel Brown. Poco antes de que usted llegara, no tenía nada para vender, y, sin embargo...

Noté, de pronto, que el rostro de aquel hombre se hacía más agudo. La luz roja de un letrero puesto en la pared daba a sus ojos un fulgor extraño, como fuego. Él advirtió mi turbación y dijo con voz clara y distinta:

-A estas alturas, señor mío, resulta por demás una presentación. Estoy completamente a sus órdenes.

Hice instintivamente la señal de la cruz con mi mano derecha, pero sin sacarla del bolsillo. Esto pareció quitar al signo su virtud, porque el diablo, componiendo el nudo de su corbata, dijo con toda calma:

-Aquí, en la cartera, llevo un documento que...

Yo estaba perplejo. Volvía a ver a Paulina de pie en el umbral de la casa, con su traje gracioso y desteñido, en la actitud en que se hallaba cuando salí: el rostro inclinado y sonriente, las manos ocultas en los pequeños bolsillos de su delantal. Pensé que nuestra fortuna estaba en mis manos. Esta noche apenas si teníamos algo para comer. Mañana habría manjares sobre la mesa. Y también vestidos y joyas, y una casa grande y hermosa. ¿El alma?

Mientras me hallaba sumido en tales pensamientos, el diablo había sacado un pliego crujiente y en una de sus manos brillaba una aguja.

"Daría cualquier cosa porque nada te faltara." Esto lo había dicho yo muchas veces a mi mujer. Cualquier cosa. ¿El alma? Ahora estaba frente a mí el que podía hacer efectivas mis palabras. Pero yo seguía meditando. Dudaba. Sentía una especie de vértigo. Bruscamente, me decidí:

-Trato hecho. Sólo pongo una condición.

El diablo, que ya trataba de pinchar mi brazo con su aguja, pareció desconcertado:

-¿Qué condición?

-Me gustaría ver el final de la película -contesté.

-¡Pero qué le importa a usted lo que ocurra a ese imbécil de Daniel Brown! Además, eso es un cuento. Déjelo usted y firme, el documento está en regla, sólo hace falta su firma, aquí sobre esta raya.

La voz del diablo era insinuante, ladina, como un sonido de monedas de oro. Añadió:

-Si usted gusta, puedo hacerle ahora mismo un anticipo.

Parecía un comerciante astuto. Yo repuse con energía:

-Necesito ver el final de la película. Después firmaré.

-¿Me da usted su palabra?

-Sí.

Entramos de nuevo en el salón. Yo no veía en absoluto, pero mi guía supo hallar fácilmente dos asientos.

En la pantalla, es decir, en la vida de Daniel Brown, se había operado un cambio sorprendente, debido a no sé qué misteriosas circunstancias.

Una casa campesina, destartalada y pobre. La mujer de Brown estaba junto al fuego, preparando la comida. Era el crepúsculo y Daniel volvía del campo con la azada al hombro. Sudoroso, fatigado, con su burdo traje lleno de polvo, parecía, sin embargo, dichoso.

Apoyado en la azada, permaneció junto a la puerta. Su mujer se le acercó, sonriendo. Los dos contemplaron el día que se acababa dulcemente, prometiendo la paz y el descanso de la noche. Daniel miró con ternura a su esposa, y recorriendo luego con los ojos la limpia pobreza de la casa, preguntó:

-Pero, ¿no echas tú de menos nuestra pasada riqueza? ¿Es que no te hacen falta todas las cosas que teníamos?

La mujer respondió lentamente:

-Tu alma vale más que todo eso, Daniel...

El rostro del campesino se fue iluminando, su sonrisa parecía extenderse, llenar toda la casa, salir del paisaje. Una música surgió de esa sonrisa y parecía disolver poco a poco las imágenes. Entonces, de la casa dichosa y pobre de Daniel Brown brotaron tres letras blancas que fueron creciendo, creciendo, hasta llenar toda la pantalla. Sin saber cómo, me hallé de pronto en medio del tumulto que salía de la sala, empujando, atropellando, abriéndome paso con violencia. Alguien me cogió de un brazo y trató de sujetarme. Con gran energía me solté, y pronto salí a la calle. Era de noche. Me puse a caminar de prisa, cada vez más de prisa, hasta que acabé por echar a correr. No volví la cabeza ni me detuve hasta que llegué a mi casa. Entré lo más tranquilamente que pude y cerré la puerta con cuidado.

Paulina me esperaba.

Echándome los brazos al cuello, me dijo:

-Pareces agitado.

-No, nada, es que...

-¿No te ha gustado la película?

-Sí, pero...

Yo me hallaba turbado. Me llevé las manos a los ojos. Paulina se quedó mirándome, y luego, sin poderse contener, comenzó a reír, a reír alegremente de mí, que deslumbrado y confuso me había quedado sin saber qué decir. En medio de su risa, exclamó con festivo reproche:

-¿Es posible que te hayas dormido?

Estas palabras me tranquilizaron. Me señalaron un rumbo. Como avergonzado, contesté: -Es verdad, me he dormido.

Y luego, en son de disculpa, añadí:

-Tuve un sueño, y voy a contártelo.

Cuando acabé mi relato, Paulina me dijo que era la mejor película que yo podía haberle contado. Parecía contenta y se rió mucho. Sin embargo, cuando yo me acostaba, pude ver cómo ella, sigilosamente, trazaba con un poco de ceniza la señal de la cruz sobre el umbral de nuestra casa.

FIN

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/pacto.htm