Explotación sexual de infantes en México
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De Voz en Voz /LVB No. 44
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Fundamentalismos y violencia contra los derechos femeninos
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Juan Ramón Jiménez /Poeta
(España, 1788 - Puerto Rico, 1822)
EL CAMBIO
MALVAS
ROSA, NIÑA
AJUSTE
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Carta a un zapatero que compuso mal unos zapatos
Texto del escritor Juan José Arreola (Jalisco, 1918 – 2001)
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Hablemos de... Un mes llamado Diciembre
Mafalda (por Quino)
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Un pacto con el diablo
Cuento de Juan José Arreola
Aunque me di prisa y llegué al cine corriendo, la película había comenzado. En el salón oscuro traté de encontrar un sitio. Quedé junto a un hombre de aspecto distinguido.
-Perdone usted -le dije-, ¿no podría contarme brevemente lo que ha ocurrido en la pantalla? -Sí. Daniel Brown, a quien ve usted allí, ha hecho un pacto con el diablo. -Gracias. Ahora quiero saber las condiciones del pacto: ¿podría explicármelas? -Con mucho gusto. El diablo se compromete a proporcionar la riqueza a Daniel Brown durante siete años. Naturalmente, a cambio de su alma. -¿Siete nomás? -El contrato puede renovarse. No hace mucho, Daniel Brown lo firmó con un poco de sangre. Yo podía completar con estos datos el argumento de la película. Eran suficientes, pero quise saber algo más. El complaciente desconocido parecía ser hombre de criterio. En tanto que Daniel Brown se embolsaba una buena cantidad de monedas de oro, pregunté: -En su concepto, ¿quién de los dos se ha comprometido más? -El diablo. -¿Cómo es eso? -repliqué sorprendido. -El alma de Daniel Brown, créame usted, no valía gran cosa en el momento en que la cedió. -Entonces el diablo... -Va a salir muy perjudicado en el negocio, porque Daniel se manifiesta muy deseoso de dinero, mírelo usted. Efectivamente, Brown gastaba el dinero a puñados. Su alma de campesino se desquiciaba. Con ojos de reproche, mi vecino añadió: -Ya llegarás al séptimo año, ya. Tuve un estremecimiento. Daniel Brown me inspiraba simpatía. No pude menos de preguntar: -Usted, perdóneme, ¿no se ha encontrado pobre alguna vez? El perfil de mi vecino, esfumado en la oscuridad, sonrió débilmente. Apartó los ojos de la pantalla donde ya Daniel Brown comenzaba a sentir remordimientos y dijo sin mirarme: -Ignoro en qué consiste la pobreza, ¿sabe usted? -Siendo así... -En cambio, sé muy bien lo que puede hacerse en siete años de riqueza. Hice un esfuerzo para comprender lo que serían esos años, y vi la imagen de Paulina, sonriente, con un traje nuevo y rodeada de cosas hermosas. Esta imagen dio origen a otros pensamientos: -Usted acaba de decirme que el alma de Daniel Brown no valía nada: ¿cómo, pues, el diablo le ha dado tanto? -El alma de ese pobre muchacho puede mejorar, los remordimientos pueden hacerla crecer -contestó filosóficamente mi vecino, agregando luego con malicia-: entonces el diablo no habrá perdido su tiempo. -¿Y si Daniel se arrepiente?... Mi interlocutor pareció disgustado por la piedad que yo manifestaba. Hizo un movimiento como para hablar, pero solamente salió de su boca un pequeño sonido gutural. Yo insistí: -Porque Daniel Brown podría arrepentirse, y entonces... -No sería la primera vez que al diablo le salieran mal estas cosas. Algunos se le han ido ya de las manos a pesar del contrato. -Realmente es muy poco honrado -dije, sin darme cuenta. -¿Qué dice usted? -Si el diablo cumple, con mayor razón debe el hombre cumplir -añadí como para explicarme. -Por ejemplo... -y mi vecino hizo una pausa llena de interés. -Aquí está Daniel Brown -contesté-. Adora a su mujer. Mire usted la casa que le compró. Por amor ha dado su alma y debe cumplir. A mi compañero le desconcertaron mucho estas razones. -Perdóneme -dijo-, hace un instante usted estaba de parte de Daniel. -Y sigo de su parte. Pero debe cumplir. -Usted, ¿cumpliría? No pude responder. En la pantalla, Daniel Brown se hallaba sombrío. La opulencia no bastaba para hacerle olvidar su vida sencilla de campesino. Su casa era grande y lujosa, pero extrañamente triste. A su mujer le sentaban mal las galas y las alhajas. ¡Parecía tan cambiada! Los años transcurrían veloces y las monedas saltaban rápidas de las manos de Daniel, como antaño la semilla. Pero tras él, en lugar de plantas, crecían tristezas, remordimientos. Hice un esfuerzo y dije: -Daniel debe cumplir. Yo también cumpliría. Nada existe peor que la pobreza. Se ha sacrificado por su mujer, lo demás no importa. -Dice usted bien. Usted comprende porque también tiene mujer, ¿no es cierto? -Daría cualquier cosa porque nada le faltase a Paulina. -¿Su alma? Hablábamos en voz baja. Sin embargo, las personas que nos rodeaban parecían molestas. Varias veces nos habían pedido que calláramos. Mi amigo, que parecía vivamente interesado en la conversación, me dijo: -¿No quiere usted que salgamos a uno de los pasillos? Podremos ver más tarde la película. No pude rehusar y salimos. Miré por última vez a la pantalla: Daniel Brown confesaba llorando a su mujer el pacto que había hecho con el diablo. Yo seguía pensando en Paulina, en la desesperante estrechez en que vivíamos, en la pobreza que ella soportaba dulcemente y que me hacía sufrir mucho más. Decididamente, no comprendía yo a Daniel Brown, que lloraba con los bolsillos repletos. -Usted, ¿es pobre? Habíamos atravesado el salón y entrábamos en un angosto pasillo, oscuro y con un leve olor de humedad. Al trasponer la cortina gastada, mi acompañante volvió a preguntarme: -Usted, ¿es muy pobre? -En este día -le contesté-, las entradas al cine cuestan más baratas que de ordinario y, sin embargo, si supiera usted qué lucha para decidirme a gastar ese dinero. Paulina se ha empeñado en que viniera; precisamente por discutir con ella llegué tarde al cine. -Entonces, un hombre que resuelve sus problemas tal como lo hizo Daniel, ¿qué concepto le merece? -Es cosa de pensarlo. Mis asuntos marchan muy mal. Las personas ya no se cuidan de vestirse. Van de cualquier modo. Reparan sus trajes, los limpian, los arreglan una y otra vez. Paulina misma sabe entenderse muy bien. Hace combinaciones y añadidos, se improvisa trajes; lo cierto es que desde hace mucho tiempo no tiene un vestido nuevo. -Le prometo hacerme su cliente -dijo mi interlocutor, compadecido-; en esta semana le encargaré un par de trajes. -Gracias. Tenía razón Paulina al pedirme que viniera al cine; cuando sepa esto va a ponerse contenta. -Podría hacer algo más por usted -añadió el nuevo cliente-; por ejemplo, me gustaría proponerle un negocio, hacerle una compra... -Perdón -contesté con rapidez-, no tenemos ya nada para vender: lo último, unos aretes de Paulina... -Piense usted bien, hay algo que quizás olvida... Hice como que meditaba un poco. Hubo una pausa que mi benefactor interrumpió con voz extraña: -Reflexione usted. Mire, allí tiene usted a Daniel Brown. Poco antes de que usted llegara, no tenía nada para vender, y, sin embargo... Noté, de pronto, que el rostro de aquel hombre se hacía más agudo. La luz roja de un letrero puesto en la pared daba a sus ojos un fulgor extraño, como fuego. Él advirtió mi turbación y dijo con voz clara y distinta: -A estas alturas, señor mío, resulta por demás una presentación. Estoy completamente a sus órdenes. Hice instintivamente la señal de la cruz con mi mano derecha, pero sin sacarla del bolsillo. Esto pareció quitar al signo su virtud, porque el diablo, componiendo el nudo de su corbata, dijo con toda calma: -Aquí, en la cartera, llevo un documento que... Yo estaba perplejo. Volvía a ver a Paulina de pie en el umbral de la casa, con su traje gracioso y desteñido, en la actitud en que se hallaba cuando salí: el rostro inclinado y sonriente, las manos ocultas en los pequeños bolsillos de su delantal. Pensé que nuestra fortuna estaba en mis manos. Esta noche apenas si teníamos algo para comer. Mañana habría manjares sobre la mesa. Y también vestidos y joyas, y una casa grande y hermosa. ¿El alma? Mientras me hallaba sumido en tales pensamientos, el diablo había sacado un pliego crujiente y en una de sus manos brillaba una aguja. "Daría cualquier cosa porque nada te faltara." Esto lo había dicho yo muchas veces a mi mujer. Cualquier cosa. ¿El alma? Ahora estaba frente a mí el que podía hacer efectivas mis palabras. Pero yo seguía meditando. Dudaba. Sentía una especie de vértigo. Bruscamente, me decidí: -Trato hecho. Sólo pongo una condición. El diablo, que ya trataba de pinchar mi brazo con su aguja, pareció desconcertado: -¿Qué condición? -Me gustaría ver el final de la película -contesté. -¡Pero qué le importa a usted lo que ocurra a ese imbécil de Daniel Brown! Además, eso es un cuento. Déjelo usted y firme, el documento está en regla, sólo hace falta su firma, aquí sobre esta raya. La voz del diablo era insinuante, ladina, como un sonido de monedas de oro. Añadió: -Si usted gusta, puedo hacerle ahora mismo un anticipo. Parecía un comerciante astuto. Yo repuse con energía: -Necesito ver el final de la película. Después firmaré. -¿Me da usted su palabra? -Sí. Entramos de nuevo en el salón. Yo no veía en absoluto, pero mi guía supo hallar fácilmente dos asientos. En la pantalla, es decir, en la vida de Daniel Brown, se había operado un cambio sorprendente, debido a no sé qué misteriosas circunstancias. Una casa campesina, destartalada y pobre. La mujer de Brown estaba junto al fuego, preparando la comida. Era el crepúsculo y Daniel volvía del campo con la azada al hombro. Sudoroso, fatigado, con su burdo traje lleno de polvo, parecía, sin embargo, dichoso. Apoyado en la azada, permaneció junto a la puerta. Su mujer se le acercó, sonriendo. Los dos contemplaron el día que se acababa dulcemente, prometiendo la paz y el descanso de la noche. Daniel miró con ternura a su esposa, y recorriendo luego con los ojos la limpia pobreza de la casa, preguntó: -Pero, ¿no echas tú de menos nuestra pasada riqueza? ¿Es que no te hacen falta todas las cosas que teníamos? La mujer respondió lentamente: -Tu alma vale más que todo eso, Daniel... El rostro del campesino se fue iluminando, su sonrisa parecía extenderse, llenar toda la casa, salir del paisaje. Una música surgió de esa sonrisa y parecía disolver poco a poco las imágenes. Entonces, de la casa dichosa y pobre de Daniel Brown brotaron tres letras blancas que fueron creciendo, creciendo, hasta llenar toda la pantalla. Sin saber cómo, me hallé de pronto en medio del tumulto que salía de la sala, empujando, atropellando, abriéndome paso con violencia. Alguien me cogió de un brazo y trató de sujetarme. Con gran energía me solté, y pronto salí a la calle. Era de noche. Me puse a caminar de prisa, cada vez más de prisa, hasta que acabé por echar a correr. No volví la cabeza ni me detuve hasta que llegué a mi casa. Entré lo más tranquilamente que pude y cerré la puerta con cuidado. Paulina me esperaba. Echándome los brazos al cuello, me dijo: -Pareces agitado. -No, nada, es que... -¿No te ha gustado la película? -Sí, pero... Yo me hallaba turbado. Me llevé las manos a los ojos. Paulina se quedó mirándome, y luego, sin poderse contener, comenzó a reír, a reír alegremente de mí, que deslumbrado y confuso me había quedado sin saber qué decir. En medio de su risa, exclamó con festivo reproche: -¿Es posible que te hayas dormido? Estas palabras me tranquilizaron. Me señalaron un rumbo. Como avergonzado, contesté: -Es verdad, me he dormido. Y luego, en son de disculpa, añadí: -Tuve un sueño, y voy a contártelo. Cuando acabé mi relato, Paulina me dijo que era la mejor película que yo podía haberle contado. Parecía contenta y se rió mucho. Sin embargo, cuando yo me acostaba, pude ver cómo ella, sigilosamente, trazaba con un poco de ceniza la señal de la cruz sobre el umbral de nuestra casa.FIN
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/pacto.htm
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Fraude: México 2006
Carlos Morales
Al poco tiempo de terminar su película Voces inocentes, Luis Mandoki tuvo una plática con quien fuese su productora musical en esa película y allí surgió la idea de realizar un documental acerca del proceso de desafuero de Andrés Manuel López Obrador, proceso que estaba ocurriendo en México por esas fechas. Mandoki y López Obrador se conocieron y éste le abrió las puertas para filmarlo, lo que sorprendió al cineasta porque ningún otro político se lo había permitido antes (recordemos que la obra cinematográfica de Luis, previa a la que realizó durante 18 años en Holliwood, siempre estuvo cercana a procesos sociales). Se encontró además con que López Obrador era una persona muy diferente a la que presentaban los medios. Así se originó el proyecto de realizar la serie de documentales titulada ¿Quién es el señor López? Serie que Luis se propuso concluir el 2 de julio, con los resultados electorales. Pero a falta de estos ese día, y con el anuncio de que hasta el miércoles cinco se daría a la luz pública el conteo en 300 distritos, se preguntó: ¿cómo cubrir eso?, porque no tenían presupuesto y sólo eran ocho personas quienes integraban su equipo. Se le ocurrió entonces hacer una convocatoria a la gente a través de la Internet para que acudieran con sus cámaras caseras a grabar lo que allí pasaría. Para su sorpresa, la gente respondió al llamado cubriendo los 300 distritos con poco más de 3,000 horas de grabación, lo cual rebasó las expectativas del realizador. Lo que él y su equipo vieron en los videos recibidos los impacta, les “abre los ojos” y modifica su idea de que el trabajo acabaría hasta allí. Al principio el equipo completo se sintió rebasado: no tenían la certeza de qué hacer con todo ese material. Pensaron en sacar un quinto DVD de la serie del señor López. Lo intentaron, pero no les satisfizo el resultado. El proyecto inicial, que habían calculado terminar en diciembre de 2006, no lo concluyeron, y lo pospusieron para marzo del siguiente año. Tampoco lo consiguieron acabar, así que Mandoki y su equipo, dándose cuenta de que a nada los conducirían las prisas, que todo ese material era necesario mostrarlo por su enorme importancia como documento histórico para nuestra generación y las venideras, y que cualquier ciudadano del mundo debería entender el trabajo resultante, se dieron el tiempo necesario para editarlo, concluyéndolo poco más de un año después. Fraude: México 2006 se desarrolla con base en una serie de entrevistas que Luis Mandoki le hace a Andrés Manuel López Obrador (más de 40 horas de grabación). Los otros actores: Vicente Fox, Felipe Calderón, Elba Esther Gordillo y Carlos Salinas de Gortari, entre otros, nunca aceptaron hablar, a pesar de la insistencia de Mandoki y su equipo. Lo cual el director dejó señalado en la película para evitar suspicacias en la gente que podría suponer que sólo buscaron hablar con López Obrador por favoritismo hacia él. Pero no, sólo él quiso hablar y los otros se rehusaron. La elección de Mandoki fue: si a él le hicieron el fraude, según lo indicaban las pruebas, entonces que él cuente su versión. Recuerda el cineasta haberle preguntado a López Obrador, cuando éste llevó a cabo el plantón en el Zócalo en contra del fraude, el martes 4 de julio, el porqué tomó esa decisión (la de realizar el plantón) y no la de recurrir a otras medidas más fuertes que quizás hubiesen sido más eficaces, y también le pregunto qué era más importante para él: impedir el fraude o la violencia. Después de unos instantes de reflexión, consciente de que millones de personas estarían dispuestas a seguirlo en lo que él decidiera hacer en esos momentos y preocupado de que todo pudiese conducir precisamente a situaciones muy graves, López Obrador le respondió que prefería impedir la violencia. Fue muy conmovedor, señaló Mandoki a Granados Chapa, “porque finalmente él (López Obrador) es un hombre solo, con una enorme responsabilidad histórica, en un país donde 10 millones de personas quieren irse a las armas, y que incluso hoy día mucha gente ve el 2010 pensando en revolución. Muchos otros no entienden que la violencia está a punto de explotar en este país, y que si alguien está tratando de evitarlo es López Obrador”. Hay demasiada desinformación, afirmó el realizador. Por cierto, Luis Mandoki le contó al periodista (cuyo programa Plaza Pública se transmite de lunes a viernes por Radio UNAM, en el 860 de AM, de 8:30 a 9:30 de la mañana) que invitó a algunos amigos panistas para conocer su reacción ante la película y resultaron muy impactados al darse cuenta de que ni ganaron ni existe el cambio tan cacareado, porque, dijeron, el PAN es igual o peor que el PRI.Realización y distribución de Fraude: México 2006
Luis Mandoki puntualizó que la parte que más le gusta de la película es la que él no filmó, es decir, la que grabaron los ciudadanos. Recuerda que durante año y medio, a falta de presupuesto, estuvieron trabajando todos esos videos en un cuarto de servicio de un edificio ubicado por el Parque Hundido, al sur de la ciudad de México. Colaboraron con él personas de “enorme talento”, como Mariana Rodríguez (guión y edición), Federico Arreola (producción) y Pablo Mandoki (producción ejecutiva). Después de las elecciones, a Luis se le agotaron los recursos, había que pagar la renta y sus colaboradores estaban muy entusiasmados para seguir trabajando. Lo platicó con Federico Arreola para conseguir su apoyo financiero. Aceptó, porque “cada mes llegábamos al día de pago de la nómina y no podíamos cumplir con ello. Pero la gente nos aguantaba a pesar de estar bajo presión. Nunca fue fácil”, afirmó el realizador. Muchas personas no quisieron invertir en la película, y los pocos que sí, les daba miedo porque, decían, “van a verlo en Hacienda y voy a tener repercusiones. Parecía como si estuviésemos en los 60: tenían miedo a la represión, a las represalias”, agregó Mandoki. Sus colegas realizadores les decían a él y a Arreola que nadie exhibiría o distribuiría la película. Pero insistieron y Arreola “mantuvo a flote” el financiamiento. Todavía en octubre el laboratorio en donde les hicieron las más de 200 copias para su exhibición, les dio crédito. “Los primeros ingresos de la exhibición -afirmó categórico Luis- son para pagarle al laboratorio”. La empresa distribuidora Warner Brothers sorpresivamente les ofreció distribuir la película, pero Televisa los presionó en contra y se canceló esa opción. A través de una coperacha con mucha gente, se concluyó la película y, ahora sí, diversas casas distribuidoras se acercaron a Contra el Viento Films, la casa que produjo la obra. Finalmente Fraude: México 2006 salió con 220 copias, y a pesar de no contar con la publicidad necesaria (cuyo costo ascendería a unos 6 millones de pesos), se difundió y sigue difundiéndose a través de la gente, de voz en voz y volanteando. La cinta se presenta en cadenas como son Cinépolis, Cinemex, Cinemark y Multimedios (que al principio, dijo Mandoki, estaban bastante inseguros de presentar documentales, pero finalmente aceptaron). Andrés Manuel López Obrador vio el trabajo terminado hasta la premier del 11 de noviembre. Antes, sólo había visto un corte de la película. Fraude: México 2006, resaltó el realizador, es una película hecha para todos los mexicanos: “los que creen que hubo fraude, pero no saben realmente cómo sucedió; los que no saben si hubo, pero que no les gusta no saber y quieren conocer la verdad; los que piensan que no hubo fraude y desean otra fuente de información, y para los que piensan que sí hubo fraude y que éste era bien merecido”. En escena aparecen desde funcionarios del IFE manipulando paquetes electorales hasta Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón burlándose, el primero, de los complots y de la política ficción, y el segundo, de la importancia de ganar “haiga sido como haiga sido”. Destaca también un escena en donde el cardenal Norberto Rivera Carrera bendice a Salinas de Gortari durante una comida de altos empresarios a la que asistió este último. Luis Mandoki ha dirigido Voces inocentes, Acorralada, Mensaje en una botella, Cuando un hombre ama a una mujer, Nacida ayer, Pasión sin barreras, Gaby: una historia verdadera y Motel, además de la serie de documentales ¿Quién es el señor López? Ahora tiene propuestas para filmar El niño con alas (en Irlanda o Nueva Zelanda) y La hija del colibrí, con Antonio Banderas en el papel principal.Etiquetas: Cine, Fraude: México 2006, Luis Mandoki



